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sábado, 15 de diciembre de 2018

Gracias por todo, Breogán.


Hoy fue un día complicado, no porque los niños y niñas estuviesen más revoltosos de lo habitual, que también, porque cada viernes es una aventura llena de retos; sino porque intentaba impregnarme al máximo de todo lo que iba ocurriendo en el colegio. Tenía ganas de disfrutar de los pequeños y pequeñas incluso más de lo habitual y de hacer que ellos también se sintiesen especialmente queridos este último día, me gustaría que se quedaran con un buen recuerdo de mí.
Llego y, como siempre, todavía hay pocos infantes en el aula. Cuando me ven siempre sonríen y, muchos de ellos, vienen corriendo a abrazarme. Cómo voy a echar de menos todos esos abrazos ya de mañana.
Me piden que ponga Los Bolechas en el ordenador, lo hago y rápidamente todos van a coger una silla para sentarse a verlos. Uno de los niños me pide sentarse en mi regazo, por lo que yo lo cojo y lo siento conmigo. Mientras vemos Los Bolechas yo voy comentando algunas cosas intentando animarlos y haciéndoles algunas preguntas. Me encanta cuando se emocionan con las cosas más simples que suceden en cualquiera de los vídeos que vemos.
Luego, decidimos dejar que jueguen con un arenero lleno de arroz que hay en el aula. Disfrutan muchísimo simplemente pasando el arroz de un vaso a otro, removiéndolo con una cuchara como si fuesen cocineros, ofreciéndomelo para que yo lo coma… Experimentan cómo el arroz se escapa entre sus dedos, como se cae por el agujero del embudo o como no se cae si en lugar de un embudo utilizan un recipiente cerrado. La profesora aprovecha esto para preguntarle a una de las niñas por qué en algunos se cae y en otros no y ella responde correctamente.
Poco a poco, algunos niños y niñas se empiezan a dispersar y deciden jugar a otras cosas. Por ejemplo, algunos de ellos deciden hacer una torre con los bloques de construcción, mientras otros juegan con los bebés o se van a la cocina.
Llega el momento de recoger para ir a la colchoneta y hacer la asamblea. Nos sentamos todos en semicírculo para hablar sobre la Navidad, repartir las galletas y jugar a un juego de lanzarnos una pelota unos a otros.
Después volvimos a tener un tiempo de juego libre hasta que vinieron a avisarnos de que las otras compañeras que están de prácticas decidieron hacer un teatrillo para todo el alumnado de Breogán. Entonces, salimos al patio interior y nos sentamos en el suelo para poder verlo. Como siempre, varios niños y niñas quieren sentarse en mi regazo o quedarse a mi lado y yo encantada de ver que les gusta estar conmigo.
Tras haber disfrutado del teatrillo, tuvimos que volver al aula. Una vez en esta, juntos los pequeños y pequeñas del aula 1 y del aula 6 pudimos comer un bizcocho que preparé para ellos por mi despedida. También aprovechamos que estaban todo juntos para probar a llevar a cabo un experimento con una vela, agua y colorante que al final no salió como esperábamos.
A continuación, cuando ya estaban solo los de mi aula, empezamos a realizar los cambios de pañal, dar de beber a los niños y niñas y, posteriormente, contamos un cuento.
Llegó el momento de salir al patio, como siempre estuve jugando con ellos y aprovechando cada abrazo al máximo, porque lo cierto es que tuve la suerte de que me tocaron unos pequeños y pequeñas muy cariñosos.
Ya solo quedaba ir al comedor y, luego, al dormitorio. El día se iba acabando y yo seguía sin asumir que las prácticas llegaban a su fin. Seguía feliz por estar con ellos disfrutando, cuidándolos y transmitiéndoles siempre toda la alegría posible. Eso fue así hasta el momento en el que les di un abrazo a las profesoras y a los pequeños que quedaban en el patio, entonces la realidad me dio un golpe, realmente esta experiencia maravillosa se había acabo, ya no voy a volver cada mañana a disfrutar de sus sonrisas y todo el cariño que me daban.
Solo puedo darles las gracias a todos los que hicieron que mis ganas de ser profesora solo aumentaran, estoy realmente agradecida porque ahora sí estoy segura de que esto es a lo que me quiero dedicar.

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