Hoy fue un día complicado, no
porque los niños y niñas estuviesen más revoltosos de lo habitual, que también,
porque cada viernes es una aventura llena de retos; sino porque intentaba
impregnarme al máximo de todo lo que iba ocurriendo en el colegio. Tenía ganas
de disfrutar de los pequeños y pequeñas incluso más de lo habitual y de hacer
que ellos también se sintiesen especialmente queridos este último día, me
gustaría que se quedaran con un buen recuerdo de mí.
Llego y, como siempre, todavía hay
pocos infantes en el aula. Cuando me ven siempre sonríen y, muchos de ellos,
vienen corriendo a abrazarme. Cómo voy a echar de menos todos esos abrazos ya
de mañana.
Me piden que ponga Los Bolechas en
el ordenador, lo hago y rápidamente todos van a coger una silla para sentarse a
verlos. Uno de los niños me pide sentarse en mi regazo, por lo que yo lo cojo y
lo siento conmigo. Mientras vemos Los Bolechas yo voy comentando algunas cosas
intentando animarlos y haciéndoles algunas preguntas. Me encanta cuando se
emocionan con las cosas más simples que suceden en cualquiera de los vídeos que
vemos.
Luego, decidimos dejar que jueguen
con un arenero lleno de arroz que hay en el aula. Disfrutan muchísimo
simplemente pasando el arroz de un vaso a otro, removiéndolo con una cuchara
como si fuesen cocineros, ofreciéndomelo para que yo lo coma… Experimentan cómo
el arroz se escapa entre sus dedos, como se cae por el agujero del embudo o como
no se cae si en lugar de un embudo utilizan un recipiente cerrado. La profesora
aprovecha esto para preguntarle a una de las niñas por qué en algunos se cae y
en otros no y ella responde correctamente.
Poco a poco, algunos niños y niñas
se empiezan a dispersar y deciden jugar a otras cosas. Por ejemplo, algunos de
ellos deciden hacer una torre con los bloques de construcción, mientras otros juegan
con los bebés o se van a la cocina.
Llega el momento de recoger para ir
a la colchoneta y hacer la asamblea. Nos sentamos todos en semicírculo para
hablar sobre la Navidad, repartir las galletas y jugar a un juego de lanzarnos
una pelota unos a otros.
Después volvimos a tener un tiempo
de juego libre hasta que vinieron a avisarnos de que las otras compañeras que
están de prácticas decidieron hacer un teatrillo para todo el alumnado de
Breogán. Entonces, salimos al patio interior y nos sentamos en el suelo para
poder verlo. Como siempre, varios niños y niñas quieren sentarse en mi regazo o
quedarse a mi lado y yo encantada de ver que les gusta estar conmigo.
Tras haber disfrutado del
teatrillo, tuvimos que volver al aula. Una vez en esta, juntos los pequeños y
pequeñas del aula 1 y del aula 6 pudimos comer un bizcocho que preparé para
ellos por mi despedida. También aprovechamos que estaban todo juntos para
probar a llevar a cabo un experimento con una vela, agua y colorante que al
final no salió como esperábamos.
A continuación, cuando ya estaban
solo los de mi aula, empezamos a realizar los cambios de pañal, dar de beber a
los niños y niñas y, posteriormente, contamos un cuento.
Llegó el momento de salir al patio,
como siempre estuve jugando con ellos y aprovechando cada abrazo al máximo,
porque lo cierto es que tuve la suerte de que me tocaron unos pequeños y pequeñas
muy cariñosos.
Ya solo quedaba ir al comedor y,
luego, al dormitorio. El día se iba acabando y yo seguía sin asumir que las
prácticas llegaban a su fin. Seguía feliz por estar con ellos disfrutando,
cuidándolos y transmitiéndoles siempre toda la alegría posible. Eso fue así
hasta el momento en el que les di un abrazo a las profesoras y a los pequeños
que quedaban en el patio, entonces la realidad me dio un golpe, realmente esta
experiencia maravillosa se había acabo, ya no voy a volver cada mañana a
disfrutar de sus sonrisas y todo el cariño que me daban.
Solo puedo darles las gracias a
todos los que hicieron que mis ganas de ser profesora solo aumentaran, estoy
realmente agradecida porque ahora sí estoy segura de que esto es a lo que me
quiero dedicar.