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lunes, 3 de diciembre de 2018

Reflexión

Hola a todos! Ahora que ya se va acercando el final del período de prácticas me he puesto a pensar en la experiencia, en lo que he aprendido y sobre todo, en las pequeñas cosas de las cuales he sido consciente en estas cuatro semanas con los niños y niñas de la escuela infantil.

En este mes he pasado por dos clases. Las tres primeras semanas tuve alumnos y alumnas de 2 años de edad y estas tres últimas estoy en una clase en la que los niños y las niñas tienen 1 año.
Esto me ha permitido ir comparando cómo es la educación en cada curso del primer ciclo de educación infantil y empezar a ser consciente de las muchas diferencias que presentan los niños.

Una de mis reflexiones principales, y es que le he dado muchas y muchas vueltas ya que ha sido precursor de muchos sentimientos negativos y dudas, es con respecto al momento de "obedecer" y "hacer caso".

En las tres semanas que estuve en la clase de 2-3 años, la evolución con los pequeños/as fue notable, como era de esperar. Los primeros días se mostraron muy curiosos por mi presencia y también muy abiertos. Tardaron muy poco en buscarme para enseñarme sus hazañas, inquietudes, sus "problemas" (del estilo menganito me pegó y fulanito me quitó el juguete), pedirme cuentos y canciones, etc. Sin embargo, en cuanto al momento de "obedecer" o "regañarles", la relación con ellos era muy distinta.
Los primeros días me ignoraban bastante cuando les decía "No podemos pegar a los compañeros, vamos a pedirle perdón y a darle un abrazo" o "Venga chicos vamos a sentarnos aquí para leer el cuento". A veces incluso se iban corriendo a otro lado como si no les hubiese dicho nada.

La siguiente fase, más o menos en la segunda semana, fue la de buscar a la profesora buscando una especia de confirmación a lo que yo les decía. De esta forma ella tenía que repetirles lo mismo que yo para que finalmente lo hicieran.

Después de unos días algunos de los niños y de las niñas ya se habían habituado a mi presencia y eso se notó también en este aspecto de la relación profesor-alumno. Sin embargo con muchos otros no fue nada fácil e incluso los últimos días que estuve con ellos y ellas (después de tres semanas) seguían ignorando algunas de mis indicaciones o conversaciones (cuando no les beneficiaban, claro está).

En la clase de bebés pasa prácticamente lo mismo que en la anterior, aunque no me afecta tanto porque no hacen caso a nadie, al fin y al cabo algunos son aún muy pequeños y se rigen por las normas que ellos mismos quiere, dentro de unos límites. Pero con los mayores... eso sigue rondando mi cabeza incluso dos semanas después de haberme cambiado de clase.
De hecho, esto me hizo plantearme seriamente si sería culpa mía que no soy capaz de tener esas dos "caras" o que podría hacer realmente para cambiar eso, porque para mi es muy frustrante a veces. Quería saber también si os habéis sentido así o si tenéis experiencias similares Toda ayuda es bienvenida!

3 de diciembre. El tiempo vuela

Al fin lunes para volver a la escuela y poder ver de nuevo a los bebés. Hoy ha sido un día muy intenso y se me ha pasado volando. Empecé el día en el aula 2, con 8 bebés exactamente, a los que después se incorporaron otros 2. El día empezó con llantos, ya que teníamos una adaptación, la pequeña Sofía. Era la primera vez que tomaba el biberón fuera de casa, y como nos dijo su madre: le lleva mucho tiempo. A pesar de esto, Sofía logró tomar su biberón entre llantos, dejando un poco menos de la mitad. Cuando acabó tuve que dormirla, ya que se caía con el sueño e igual por eso tampoco paraba de llorar.
Logré dormirla y ya les tocaba el biberón a otros tres pequeños, así que los calenté para dárselos, ya que la profe Patri estaba ocupada con otro bebé. Le fui dando el biberón uno a uno y todos comieron todo, así que Patri estaba encantada con sus niños y yo por lo tanto también.
Al finalizar los puse en las hamacas, les tapé con sus mantitas y me dispuse a cantarles para que se durmiesen mientras los balanceaba. Conseguí dormirlos y llegó el momento de otro biberón así que llegó el turno del pequeño Martín, que come también que incluso toma el biberón en la propia hamaca, queriendo agarrarlo él mismo. Después tuve que dormir a una pequeña que entra muy temprano y ya tenía sueño, al mismo tiempo que tuve que dormir a Xián, ya que sus padres nos avisaron de que se despertó muy pronto.
Al finalizar, jugué con los niños que estaban despiertos y realizamos una actividad para el colegio. La actividad consistía en estampar con pintura las manos de los bebés en un círculo verde, que será un adorno de navidad para el árbol del colegio. Fuimos cogiendo a los que estaban despiertos, y tuvimos que abrirles las manitos y ayudarles, ya que son muy pequeños para hacerlo ellos solos. Las manos quedaron bastante bien, pero las repasamos un poco con pintura, para que quedase más llamativo y se viera más.
A continuación Sofía despertó y aunque aguantó un tiempo sin llorar, poco tardó en darse cuenta de que mamá no estaba y empezó de nuevo y al parecer el llanto es contagioso, así que Martín empezó a llorar otra vez.
Y esa fue la siguiente tarea, consolarlos y conseguir que parasen de llorar. Finalmente lo conseguí, porque era también cuestión de sueño.
Por último acabé el día dando las comidas, las papillas preparadas por las mamás. Cuando terminé los limpié y los puse a jugar, menos a dos que tuve que dormir porque tenían sueño.
Así acabé el día, después de muchos llantos, muchos biberones pero también mucha gratificación por parte de los babys.