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jueves, 22 de noviembre de 2018

22/11/18 “No, con la profe Ana!”

Un día más llegué unos minutos antes de la hora al centro, por lo que fui a la clase
de madrugadores a echar una mano a las profesoras. Nada más llegar al pasillo vi
a mis niños y niñas pegados al cristal del aula gritando “¡Vino Ana!” y, al entrar, me
colmaron de besos y abrazos. Los recibimientos así hacen que hasta el peor día
merezca la pena.


Nati, mi profe, y yo llevamos a los niños/as de nuestra clase y los de la clase de la
profe Cris al aula habitual para disfrutar de un rato de juego libre mientras los demás
compañeros van llegando al aula.


Durante la acogida la profe y yo aprovechamos para hablar de distintas cosas: la carrera,
los niños, vida personal, etc. La verdad es que la relación con las profes no puede ser
mejor.


Al poco tiempo llegó el niño con Síndrome de Asperger. Nati fue a recibirlo y a hablar con
el padre un rato. El padre le dijo al niño “Vamos que vas con la profe Nati” y el niño
respondió “No, con la profe Ana” y vino corriendo a abrazarme las piernas. Me pilló
completamente por sorpresa porque este niño, aunque es muy cariñoso, no suele
expresarse ni hablar demasiado. Me sentí de maravilla. Entre la acogida y eso...Los
niños/as me tienen muy en cuenta y eso me encanta, aunque a la hora de regañarles
por algo siguen sin hacerme mucho caso.


Poco tiempo más tarde llegó un niño de la clase de Cris que siempre, SIEMPRE, llora
en la acogida. Y no llora cinco minutos, si no que está la hora entera llorando sin parar.
A diario intento consolarlo de distintas formas pero no hay manera, tiene un miedo a la
separación muy grande. La verdad es que me estresa mucho, tanto por la impotencia de
no saber bien que hacer para calmarlo como por el ensordecedor y constante ruido de
sus llantos. Suena muy feo decir que ignoré al niño pero bueno, digamos que seguí
haciendo mis tareas: quitar sudaderas, poner mandilones, hacer coletas a las niñas que
ya tenían el pelo por delante de la cara, colocar pinzas, lazos, sonar mocos.


Cuando llegaron todos los niños y niñas de las dos aulas nos pusimos a hacer la
asamblea todos juntos mientras la profesora Cris preparaba la instalación de su aula.
Se nota mucho que los niños y niñas de la otra clase no están tan acostumbrados a la
asamblea porque les cuesta mucho mantenerse sentados, escuchar o estar callados.
Debido a esto, mis alumnos/as tampoco estuvieron tranquilos. ¿Quién iba a escuchar un
cuento si los compañeros de al lado estaban jugando y pasándoselo bien? La profe Nati
y yo no dábamos a basto pidiendo a todos que se sentasen bien.


Poco tiempo después llegó Cris para llevarse a sus niños/as. Sin embargo, a pesar de ser
menos alumnos/as, la situación no mejoró. Esta semana los niños/as estuvieron muy
inquietos, la verdad. Concretamente tuvimos problemas con una niña que se porta
realmente mal. Esta niña se pasa el día desobedeciendo y desafiando a la profe. Cada
vez que la profe le decía que se sentase bien la niña se reía y se tumbaba. Nati tiene
una paciencia increíble, porque en las tres semanas que llevo allí tuvimos problemas
con esa niña prácticamente a diario. Tuve mucha curiosidad y acabé preguntando por
qué no hablaba con los padres. Me contó que en su casa sus padres trabajan haciéndole
chantaje con chocolatinas, le permiten todo lo que quiere para que no llore, etc. entonces
la profesora se desespera porque todo lo que consigue educar en el aula lo deshacen en
casa.


Al final tuvimos que regañar tanto a los niños/as que se nos pasó el tiempo de la asamblea
sin leer cuentos por lo que Nati tuvo que reñirles otra vez.


Hoy no preparamos ninguna instalación en el aula porque ayer estrenamos la instalación
de centro sobre el otoño. Por eso llevamos a los niños/as a jugar con las hojas al aula
multiusos. Se lo pasaron en grande (y yo también jugando con ellos).




Después de un rato de juego volvimos al aula para ir al baño y cambiar los pañales. Lo
cierto es que me gusta mucho el momento de cambio de pañal porque es un momento
que puedo dedicar a cada uno de los niños/as de forma individual. Aprovecho para hablar
un poco con ellos/as, darles unos mimos, interesarme por ellos y por supuesto, para
cuidarlos/as.


Aún faltaba un tiempo para ir al comedor por lo que les repartimos los bebés para que
jugasen. Algunos vinieron a pedirme cantar una canción, concretamente la de “Fun ó
mercado”. Lo intenté pero fue imposible porque no todos los niños/as querían entonces
no podía atenderlos a todos. Además, algunos son muy propensos a pegar y a los cinco
minutos de empezar ya había 3 niños llorando.


Sin darme cuenta ya había llegado la hora de comedor. La profe Nati y  yo pusimos los
baberos a los niños y niñas y luego yo me los llevé al comedor mientras la profe se quedó
cambiando a un niño que se había hecho pis.


Cuando llegamos al aula de Cris las mesas del comedor estaban sin montar por lo que
tuve que hacerlo yo. El problema vino cuando me quedé atascada en la puerta con una
mesa y tuve que pedir ayuda… Soy un desastre con patas.


Durante la comida fue todo bastante bien. Ya conozco bastante a los niños/as entonces
ya se “de que pie cojean” por así decirlo y se como llevarlos y conseguir que coman.


Cuando acabaron de comer me puse a limpiar los baberos y las mesas para el día
siguiente. Aquí, empezó otro conflicto. Una niña, la más pequeña de clase, no quería
quedarse sentada en su sitio. No paraba de moverse y de subirse a los sitios. Le dije
varias veces que se sentase bien, que se iba a caer, pero ni caso. Al final tuve que
decirle que se iba a quedar sin palito (palitos de pan). Es increíble cómo algo tan simple
hace tanto. Todos los niños y las niñas se quedaron callados y quietos porque claro,
nadie quería irse a casa sin su palito.


Una vez tuvimos limpio el comedor, hice una fila con los pequeños y me los llevé de vuelta
al aula mientras la profe Nati ayudaba a Cris a guardar las mesas.


En el aula los niños volvieron a ir al baño. Después se cepillaron los dientes y al acabar se
pusieron a jugar. Yo aproveché para cambiarles los pañales a dos niñas ya que Dani, el
director del centro estaba en el aula conmigo echándome una mano.


Repartí los cuentos y los bebés y les dejé un rato de juego libre mientras no venía la
profe al aula. Además tocaba ponerle el parche en el ojo a una de las niñas, y necesitaba
que los niños/as no estuviesen por allí preguntando. Hicimos un dibujo en el parche y
cuando la pequeña estuvo contenta con el resultado se lo pusimos en el ojo. Al principio
teníamos muchos problemas para ponérselo pero una canción sobre piratas lo arregló todo.

Jugando y jugando se pasó el tiempo. Muchos padres vinieron a buscar a sus hijos/as y
los niños/as que quedaban se tenían que ir al aula de María, la profesora que se encarga
de ellos mientras la tutora va a comer. Después de dejarlos en el aula y despedirme de
todos ellos/as, me fui a mi casa, cansada pero muy contenta, como siempre.

Un jueves lleno de música


Comienza un nuevo día en la escuela, y como de costumbre lo hace en el aula 4. Hoy, a diferencia del resto de los días, nos hemos quedado allí hasta las diez, hora a la que suele llegar mi tutora, ya que la auxiliar que estaba viniendo a sustituir a la que estaba con nosotros, hoy no podía venir a ayudarnos.
Así que poco a poco han ido llegando los niños y niñas de ambas clases, quienes se quedan un poco extrañados al ver tanta gente. Han estado jugando tranquilamente los unos con los otros sin montar mucho escándalo, que era lo que mi compañera de prácticas y yo más nos temíamos. Uno a uno se ha ido uniendo al juego hasta que ya éramos bastantes como para poder sentarnos a leer un cuento.
Curiosamente cuando hemos empezado a llamarlos para que fuesen sentándose en la colchoneta, los niños y niñas de mi clase, se iban hacia la puerta que comunica con nuestra clase, pues ellos sabían que en aquel lugar no era donde a ellos les contaban los cuentos normalmente. Mientras la profesora del aula 4, se sentaba con los cuentos escogidos al lado de los pequeños. A lo largo de la lectura han ido llegando algunos niños y niñas más hasta que finalmente nos hemos llegado a juntar 18.
Cuando la profesora empezó a ver que los niños y niñas perdían el interés por los cuentos de animales, decidió cantar algunas canciones para que se pudiesen mover al ritmo de estas si era lo que les apetecía. Mientras cantábamos todos juntos, llegó nuestra profesora, así que nuestros niños y niñas se levantaron rápidamente de aquella colchoneta y empezaron a marcharse hasta nuestro aula.
Una vez allí, mi tutora quiso continuar con la hora de lectura, así que nos volvimos a sentar para leer en esta ocasión el cuento de Ernestina la gallina (Yolanda Reyes y Aitana Carrasco). Después del cuento, como todos los días les recitó a los niños y niñas un par de poemas sobre el otoño, de Rosalía de Castro, de Machado…
Al acabar esta actividad, la profesora les propuso jugar con un par de puzles, mientras ella iba cambiando los pañales de aquellos que lo necesitasen. Estos juegos les entretienen muchísimo, al igual que los de bloques de construcción. Yo me estuve fijando en un niño en concreto, estaba con un juego de encajables, lo primero que hacía era escoger una pieza después la miraba, como analizando su forma y después miraba al bote donde tenia que meterla por el hueco correcto, tratando de encontrar la forma que encajase con la pieza que tenía en la mano. Acertaba siempre a la primera, y sin ningún tipo de ayuda.
Cuando se acercaron las 11:00, empezamos a recoger todos los juegos para poder salir al patio interior, pero hoy a diferencia del resto de los días, no era para que los niños y niñas jugasen, sino que había preparado un concierto de violín. Los músicos eran nada más y nada menos que dos hermanos de uno de los niños del aula 4. Se trataban de niños de primaria que, junto con su madre, nos representaron un cuento ayudándose de sus violines; y así entre los dos dieron un gran concierto, y entretuvieron a los niños y niñas de todas las clases de la escuela. Lo hicieron realmente bien.
A mitad del concierto, llegó un niño que está haciendo un horario especial de adaptación, se sentó con con la profesora y aguantó bastante bien el resto del concierto.
Al terminar, fuimos metiendo poco a poco a todos en el aula, para poder empezar a prepararlos para la hora de comer. Como de costumbre les cambiamos el pañal, les quitamos los pantalones y la camiseta y por último les pusimos el mandilón, para que así cuando llegase el carrito de la comida estuviesen todos listos y pudiesen sentarse a la mesa. Hoy no sé si es que llegó un poco antes de lo normal o si es que nosotras íbamos con retraso, pero cuando la cocinera vino con la comida a clase aun nos quedaban un par de niños y niñas por cambiar.
Mientras la profesora repartía la comida en los platos, puré para los que aún no comen sólido y sopa para los que ya son capaces de hacerlo, yo los fui sentando y poniéndoles el babero. Como sólo estamos las dos para la hora de la comida, nos pusimos una en cada una de las dos mesas que hay en el aula, y empezamos a ayudarlos a comer. La hora de la comida no suele ser un momento problemático, ya que son bastante buenos y comen bien.
La cosa se fue complicando a medida que iban acabando de comer y había que empezar a lavarlos para poder llevarlos a la cama. A pesar de haberle cambiado a todos el pañal antes de la comida hubo que volver a cambiárselos a casi todos antes de dormir, lo que nos hizo ir un poco más justas de tiempo. Además el niño que aún se está adaptando, no paró de llorar desde que terminó de comer hasta que vinieron a por el a la 13:00; aún no esta adaptado al funcionamiento de la clase, pues está viniendo poco a poco para ir acostumbrándose, de hecho hoy es el segundo día que se queda a comer; y por lo tanto solo quiere que estemos pendiente de él, pero son 13 niños y niñas en toral en clase y solo son 3 los que no se quedan a dormir. Entre el sueño que les estaba empezando a entrar y el jaleo que se estaba formando, alguno se unió a su llanto.
Cuando conseguimos ir metiéndolos al dormitorio, el ambiente se fue tranquilizando, además en ese momento llegó la auxiliar que sustituye por las tardes a la que estaba con nosotros desde que esta se jubiló, y nos ayudó con los que quedaban ya en clase. 
Cuando ya estuvo todo bajo control, mi tutora se metió en la habitación para controlar que todos estuviesen durmiendo, y la auxiliar y yo nos quedamos hablando en el aula, esperando además a que viniesen a recoger al niño que se queda a dormir en el aula.
Cerca de las 14:30 comenzaron a salir los primeros niños y niñas del aula, así que entre la auxiliar y yo los empezamos a vestir para que estuviesen listos para cuando llegasen sus papás o sus mamás para llevárselos a casa. Cuando dieron las 15:00 ya solo quedaban dos niños durmiendo, pero aún así mi tutora me dijo que ya me podía ir así que deje la bata colgada en la percha, saliendo del aula despidiéndome de los niños y niñas hasta mañana.