14/11/2018
La mañana del miércoles empezó como de costumbre en el aula de madrugadores, es decir, en el aula de bebés. Allí los niños y niñas de mi clase corrieron a saludarme, son un auténtico encanto.
Al poco nos fuimos al aula habitual junto con la profesora de la otra clase de 2-3 años, Cris. Mi tutora se retrasaría hoy por motivos personales.
Una vez en el aula con las dos clases juntas repartimos los muñecos y los cuentos para que los niños y las niñas jugasen libremente mientras sus compañeros iban llegando.
La acogida es un momento bastante estresante normalmente porque hay niños de la otra clase que todavía están en el periodo de adaptación y, por tanto, los llantos forman parte de mi rutina diaria. Sin embargo hoy faltaron esos niños y en consecuencia la acogida fue muy tranquila. De hecho, la profesora Cris y yo, que actualmente está estudiando la carrera de Educación Infantil, estuvimos hablando de los estudios y de nuestros gustos, conociéndonos un poco más. La verdad es que fue un momento muy guay porque todos los profesores/as del centro me tratan como una más y mi relación ellos y ellas cada día va a mejor.
Cuando por fín llegó Nati, mi profesora, empezamos la asamblea. Esta vez optamos por hacer la asamblea con las dos clases juntas mientras Cris fue a buscar el material para la actividad de hoy.
En primer lugar cantamos la canción de “Buenos días” y también la de “Good Morning” después de la clase de inglés diaria. Leímos el cuento favorito de mis niños y niñas “Lobo feroz” y, una vez se marcharon los niños y niñas del otro aula, cantamos todos juntos “Polo camiño”. En este último me encargué yo de enseñarles el libro a los pequeños porque la profesora se fue a hablar con el director un momento. La verdad es que me gusta mucho tener pequeños momentos a solas con los niños porque me ayuda a ser consciente de cómo soy con ellos y de cómo resuelvo las distintas situaciones que se van presentando en el aula.
A medida que avanzaba la asamblea los niños empezaron a ponerse nerviosos, en especial una niña que no paraba de molestar y desobedecer a la profesora y a mi. Finalmente, después de muchos intentos y regañinas Nati optó por parar la asamblea y “castigar” a los pequeños/as. Esto molestó mucho al niño con Asperger porque tiene las rutinas muy marcadas y el más mínimo cambio sin aviso le irrita mucho. Empezó a llorar sin parar y tuve que cogerlo en brazos para calmarlo.
Mientras yo vigilaba que los niños estuviesen quietos y cumpliesen su castigo a la vez que calmaba al niño, la profesora montó la actividad del día: unas cortinas de hojas de otoño.
La instalación de hoy fue en realidad una actividad bastante dirigida en lugar de una exploración y juego libre como solemos hacer en la escuela infantil. La profesora colocó un trozo alargado de forro adhesivo en el suelo y lo rodeó con hojas y pequeñas ramas. Los niños y las niñas de clase se dedicaron a jugar tirando las hojas sobre el pegamento del papel con la finalidad de que los elementos quedasen pegados en el. No pude observar mucho la actividad porque me quedé con el niño con Asperger, que seguía muy nervioso.
Cuando terminaron, ayudé a Nati a poner un trozo de papel adhesivo por encima para fijar las hojas y terminar así nuestra cortina de otoño.
La actividad fue muy original y el resultado muy chulo, aunque duró muy poco porque al fin y al cabo los niños tenían que hacer una tarea concreta.
Al terminar la instalación preguntamos a los niños y las niñas que preferían hacer: jugar con unas piezas de plástico montables o poner música y jugar. La respuesta era obvia, mis niños/as siempre escogen la música. Les encanta cantar y bailar, hasta los cuentos los leemos cantados! Eso sí, es obligatorio poner la canción “El baile del sapito” que ya tengo más que repetida. Aunque he de confesar que estoy aumentando mucho mi repertorio musical gracias a ellos/as.
Como de costumbre aprovechamos este rato de juego libre para ir cambiando pañales y acompañar a los niños y niñas que ya controlan esfínteres al baño.
Un poco antes de ir al comedor, paramos el momento de juego y mandamos recoger. Los niños cada vez me hacen más caso y la verdad es que eso me hace sentir muy bien. Los primeros días sentía mucha impotencia cuando hacían como si no fuesen con ellos las cosas que yo les decía.
Como recogieron todo bien y rápido les dimos de premio una galleta. Me hace bastante gracia este gesto porque los pequeños/as ven esa galleta como el mejor premio del mundo, son muy tiernos.
Sin darme cuenta ya había pasado media mañana. Llegó el momento del comedor. Empecé repartiendo los baberos y colocándoselos a todos los niños y niñas que comen en el centro. Después llevé a mis 15 “ratoncitos” al comedor. Lo cierto es que el día de hoy se presentaba difícil: había ensalada y caldo para comer!
Al final fue mucho mejor de lo que me esperaba y los niños comieron bastante bien, no sin antes hacer muchas negociaciones con ellos.
Al acabar de comer limpié los baberos, quité los mandilones y fui al aula a colocar cada cosa en su sitio, como cada día. Después volví al comedor y me llevé a mis niños al aula para que se cepillasen los dientes. Desde que llegué la profesora me dejó encargarme de ese momento del día y la verdad es que me encanta. Me lo paso muy bien repartiendo los cepillos y cantándoles la canción de los dientes. Además, es un momento que aprovecho también para hablar un poco con ellos.
Cuando acabaron de cepillarse los dientes jugaron un rato mientras les puse las sudaderas. Creo que es lo que menos me gusta del día, todas las veces que tengo que poner y quitar sudaderas a pequeñajos que se escabullen de mi para irse a jugar. A veces me desesperan un poco.
Ya con las sudaderas puestas, y con la ayuda de la profe Nati, llevamos a los niños al patio para que jugasen allí aprovechando el buen día que hizo hoy. Al acabar llevé a las pequeñas que duermen siesta al aula de bebés pero tuve un pequeño problema con una. La niña vio a sus compañeros jugar y claro, ¿quién iba a dormir mientras los demás jugaban? Al final tuve que llevármela de nuevo al patio porque no paraba de llorar.
Mientras jugaban algunos padres llegaron para recoger a sus hijos e hijas. Me sorprendió mucho desde el primer día la amabilidad de las familias con las profes y cuidadoras de la escuela. En general, hay un ambiente muy bueno en la escuela infantil, tanto entre docentes como la relación familia-escuela.
Finalmente, sin darme cuenta llegaron las dos y con eso, un día más ya se había pasado. Por último antes de irme llevé a los pequeños al aula de María, la profesora que se queda con ellos mientras Nati y Cris, las profesoras de 2-3, van a comer.
Me despedí de todos los pequeños/as y me fui al vestuario después de un día intenso. Estaba agotada, tanto, que al llegar a casa no pude evitarlo y caí rendida en la cama. Nunca necesité tanto dormir siesta como en estas dos semanas. Aún así, no puedo estar más contenta.