Hoy es el final de esta gran aventura, hoy finaliza uno de los momentos que recordaré con más felicidad y amor, hoy terminan las prácticas.
Con este triste pensamiento entré en la escuela y una vez dentro, me encontré a casi todos los niños en el patio, jugando acompañados de mis compañeras de prácticas. Fui a dejar el abrigo y a ponerme la bata y me reuní con ellas para. Al poco, mi tutora, los niños de mi clase y yo entramos en el aula que nos correspondía y, una vez dentro, me entregaron una pequeña pulsera que me habían comprado y fue justo en ese momento en el que se abrió la fuente y no paré de llorar, incluso plasmar esto me trae lágrimas a los ojos. Después de abrazar a la tutora con mucho cariño y a los niños que ya habían llegado, me entregaron un pequeño tulipán que estaba naciendo y una estrella que contenía dentro las huellas de todos. Los niños me miraban extrañados ya que no entendían por qué estaba llorando y, aunque les explicamos que yo ya no iba a volver a estar en clase con ellos, pareció que no entendieron muy bien lo que queríamos decir, eso, o realmente no les importaba.
Cuando tanto la tutora y yo nos calmamos y dejamos de llorar, decidimos que era un buen momento para decorar las carpetas que iban a llevar a casa y, utilizando pintura de dedos y unos rollos de papel higiénico recortado, procedieron a pintarla.
Cuando terminaron y los lavamos, se acercaron a mi clase dos de mis compañeras y me pidieron ayuda ya que iban a hacer una obra con marionetas y necesitaban más manos a lo que, encantada, acepté. Pero lo que iba a comenzar siendo una pequeña obra para los niños de un aula, terminó siendo una obra para todos los niños de la escuela. Cuando terminé en el aula con lo que estábamos haciendo, fui a buscar a mis compañeras para ensayar una vez el cuento,
O pito Cairo, ya que yo no me lo sabía. Cuando fui a clase de una de las compañeras, esta estaba contándoles un cuento a sus niños, y mi otra compañera estaba de espectadora, y juntas nos emocionamos viendo como nuestra amiga les contaba el cuento a los niños, y con el cariño que ellos le brindaban, dándole toda su atención. Pensar que esto no se iba a repetir nos emocionó, y a poco más volvíamos a abrir el grifo de nuestros ojos.
Cuando la compañera terminó, fuimos a ensayar el cuento y, al terminar, llamamos a todas las clases para que vinieran al patio. Una vez que colocamos todo, comenzamos, en general y exceptuando los pequeños problemas técnicos que tuvimos porque estaba planeado al principio de otra manera, fue muy bien, la mayoría de los niños atendieron y, al terminar, se me acercó uno de los míos a darme un abrazo y a decirme "Ota ves". Cuando recogimos todo, me fijé en que había llegado el niño nuevo, que seguía en periodo de adaptación, y también me fijé en que no paraba de llorar llamando por sus padres por lo que me acerqué a él y, al verme, corrió a subirse a mi colo. Nos dirigimos al otro aula de mayores ya que íbamos a comer un pastel y a hacer un pequeño experimento. Cuando todos los niños comieron, preparé el pequeño experimento: en un plato hondo lleno de agua, colocamos en el medio una vela encendida con colorante alimenticio en la base, y le colocamos encima una jarra de cristal larga. Mi intención era que, con el cambio de temperatura y presión, el agua empezase a subir por la jarra y, gracias al colorante, esa agua que tendría que subir sería de color, pero, por desgracia, no funcionó. Aun no entiendo por qué falló, pero a pesar de no haber conseguido lo que quería, a los niños les gustó mucho ya que vieron como el agua, gracias al colorante cambió de color. Cuando recogí y me lavé las manos que estaban manchadas por culpa del colorante (y que aún no logré quitar) fui a junto del niño nuevo, que seguía llorando llamando por sus padres. Logré calmarlo un poco ya que le empecé a preguntar cosas de su vida, donde vivía, que hacían sus padres, etc. Al principio parecía que ya había parado de llamar por sus padres, pero cuando salimos al patio, volvió al mismo bucle. Intenté mantenerlo ocupado haciendo que me ayudase con los pañales llamando a los niños, pero ni así fuimos capaces de que se calmase. También probamos con música, pero nos fue completamente imposible, solamente se calmó cuando, una vez que ya estábamos en nuestra aula, llegó su madre junto con su abuela. Cuando el niño ya se iba a marchar, le entregué una bolsa de gusanitos ya que había comprado una para los catorce niños de clase, una pena que en mi último día solamente hayan estado nueve, me produce mucha pena no haber podido despedirme de todos.
Una vez que el niño se fue y pusimos al resto a trabajar, me dediqué a recortar unos cartones rojos para que los niños hagan un árbol y, mientras pegaba las estrellas de purpurina en lo alto de la cartulina, me quemé, a parte de la planta, la estrella y la pulsera me llevo una bonita quemadura en la mano de recuerdo. Al poco de empezar a pegar las estrellas, llegó una madre a buscar a su hijo, por lo que le entregué su bolsa de gusanitos, llevándome un abrazo y un beso por parte del niño, algo que me sorprendió ya que este niño en concreto es muy tímido y no le gusta nada el contacto físico con alguien fuera de su familia. Cuando me despedí del niño y de su madre, continué con las estrellas y, al terminar, empecé a llamar a los niños para darles agua y lavarles las manos para así poder ir al comedor. Fue una misión imposible que recogieran todo para poder comenzar con la rutina, llevan un día en el que no hacen caso a absolutamente nada, tuvimos mordidas, rompieron cajas de madera, se tiraron juguetes a la cabeza... Hoy vinieron la gran mayoría enfermos, pero con medicamentos puestos de casa, por lo que estaban muy alterados, para poder lavarles las manos tuve que ir uno por uno yendo a buscarlos, excepto por dos o tres que son muy obedientes.
Cuando dio la una, nos dirigimos en fila al comedor, donde les pusimos los mandilones y los baberos, pero donde no pararon de moverse hasta que no les pusimos la comida delante, hoy tocaba sopa de fideos y pescado con patatas cocidas. En general comieron todos muy bien a pesar de ya haber tomado bizcocho ya que es una comida que por lo general suele gustar, sobre todo las patatas cocidas. Cuando el primer niño terminó, como era de los de mi clase y no se quedaba a dormir, me lo llevé al dormitorio para cambiarle el pañal y vigilarlo en el patio. Poco a poco me fueron trayendo a más niños y, cuando la auxiliar que estaba hoy terminó de colocar las camitas en el aula, vino a ayudarme ya que una persona sola no es capaz de atender a tantos niños. Cuando todos estuvieron listos, cogí la bolsa donde tenía guardados los gusanitos y lo fui metiendo en las mochilitas de cada niño, en el caso de aquellos que se iban antes, en su perchero.
Mientras estaba con los niños que no se quedaban a dormir en el patio, llegaron dos de mis compañeras de prácticas y comenzamos a hablar de lo mucho que íbamos a echar de menos todo y, en el momento en el que una de ellas empezó a llorar, yo ya no me pude controlar, y empezamos a llorar las dos como unas magdalenas. Cuando me acerqué a despedirme de mis niños que estaban en el patio, uno de ellos me abraza y me pregunta "Por que estas chorando?", pregunta que hizo que siguiese llorando con fuerza, pero con una gran sonrisa en la cara, ya que a parte de algún dolor de cabeza, estos niños me han aportado mucha felicidad a mi día a día, muchos momentos que no paraba de comentar con mi familia y amigos, y que al final hasta para ellos resultaba pesado, no entienden lo que es tener este amor por catorce niños a los que acabas de conocer.
Conforme iba pasando el personal por el patio nos íbamos despidiendo de ellos con un abrazo y con palabras de agradecimiento, tanto por su parte como por la nuestra, ya que fue todo un placer formar parte de esa familia durante un mes y medio, y que la acogida que nos dieron no podría haber sido mejor. Una vez que nos despedimos de todos y después de haber llorado otro poquito más, nos despedimos de la escuela, sabiendo que tenemos las puertas abiertas para lo que queramos y cuando queramos, y que somos bienvenidas siempre. Salgo de la escuela con las palabras que me dedicó mi tutora "Eres una gran persona y vas a ser una gran profesional", y no puedo evitar marcharme llorando, ya que esta aventura nos ha tocado a todas en el corazón y esto es algo que va a ser muy difícil de olvidar.