Archivo del blog

lunes, 17 de diciembre de 2018

Como en casa

Último día, estamos todas igual. 

El día anterior estuve preparando una tarta de chocolate para mis polluelos, también bombones, no sé aún cómo agradecerles a todas las maestras el trato que han tenido conmigo estos últimos días. 
Nada más entrar en el colegio me llamó la directora para charlar conmigo en su despacho. Aún estoy intentando digerir todas las cosas bonitas que me dijo de parte de todo el centro. De verdad, nunca hubiese imaginado que alguien me llegase a hablar de tal forma; sobretodo porque me habló de profesoras que siempre me han tratado bien pero que no llegaba a pensar, por su carácter y demás, que me hubiesen tenido tanto en cuenta, "nunca me había llamado ninguna profesora a las diez de la noche para hablarme de alguien de prácticas", lágrimas en los ojos y ahí empezó un día para recordar. 
Esta última semana he estado en la clase de cuatro años, una clase por general muy revoltosa, me gustaba. Llegué bastante nerviosa, después de todo a una le cuesta recomponerse, con el mandilón puesto y esta vez sin mirar el reloj. Estuvimos la mañana jugando y haciendo lo que serian las tarjetas de felicitación de navidad para casa. Estuve muy a gusto, pues tuve un ratito con cada uno y una asolas para, mentalmente, despedirme de ellxs. 
Es viernes y el cuerpo lo sabe. Sus caras al ver la tarta que les había preparado explícitamente para ellxs es lo que me voy a llevar a casa. ¡No quedó nada! La llorera aún no había terminado, Lois se acercó con una bolsa con dos detalles de la clase y de la misma profe, una taza que sin duda me sacará más de una sonrisa cuando la beba y una dedicatoria; gracias, de verdad. La profe y yo tuvimos un ratito para charlar, 

-Maria siento mucho que te haya tocado esta clase, hay lo mejor de cada casa.

a lo que yo contesté:
- No puedo estar más agradecida de que me haya tocado esta clase; me he reído, me he enfadado, he pasado por situaciones mentales que no pensaba que pasaría nunca. Más vale que me sobre que que me falte, y te aseguro que he aprendido más que si me hubiese tocado una clase más "tranquilita". 

Abrazo infinito con ellxs, mil besos con sabor a danonino, alfombrazo incluido y un "nos volveremos a ver". Gracias 💚

sábado, 15 de diciembre de 2018

Último día

Este día tuvo sabor agridulce...ya que quería aprovechar al máximo el último día pero saber que era el último hacía que estuviese un poco triste.
Llegué al cole y dejé unos bombones en la sala de profes y a mi tutora le regalé una caja con bombones y una foto nuestra y ella también me regaló un detalle, cosa que me hizo mucha ilusión.
Cuando llegaron los niños estuvieron jugando un rato, después hicimos la asamblea como todos los días, cantando las respectivas canciones del tiempo, nombrando encargado, cuantos éramos en clase y viendo los colores.
Al acabar les expliqué que hoy era mi último día y que ya no iba a ir todos los días como hasta ahora, pero que en cuanto pudiese les iba a hacer una visita.
Después de eso estuvimos haciendo el último dibujo del proyecto trimestral del agua, mientras los demás pintaban el Papá Noel que habíamos empezado ayer para colocar en el mural que llevamos pintando desde el lunes. Luego merendaron y fuimos al patio, estuvimos hasta la 1 menos diez y al llegar ensayamos la canción que van a cantar en el festival de Nadal, "Xa me tardan estes magos".
Al acabar, les regalé dos bolitas de chocolate a cada uno y cuando terminaron, mientras jugaban yo llamaba de 3 en 3 para pegar pegatinas con forma de estrella en el mural.
Al terminarlo, lo colgamos en el pasillo de fuera y me saqué una foto con ellos.
Llegó la hora de irse y me despedí de todos pero les recordé que volvería visitarles. La verdad es que fue una experiencia única, muy enriquecedora y en la que aprendí mucho, lo único negativo que sacaría es que se me hizo demasiado corta.

Gracias por todo, Breogán.


Hoy fue un día complicado, no porque los niños y niñas estuviesen más revoltosos de lo habitual, que también, porque cada viernes es una aventura llena de retos; sino porque intentaba impregnarme al máximo de todo lo que iba ocurriendo en el colegio. Tenía ganas de disfrutar de los pequeños y pequeñas incluso más de lo habitual y de hacer que ellos también se sintiesen especialmente queridos este último día, me gustaría que se quedaran con un buen recuerdo de mí.
Llego y, como siempre, todavía hay pocos infantes en el aula. Cuando me ven siempre sonríen y, muchos de ellos, vienen corriendo a abrazarme. Cómo voy a echar de menos todos esos abrazos ya de mañana.
Me piden que ponga Los Bolechas en el ordenador, lo hago y rápidamente todos van a coger una silla para sentarse a verlos. Uno de los niños me pide sentarse en mi regazo, por lo que yo lo cojo y lo siento conmigo. Mientras vemos Los Bolechas yo voy comentando algunas cosas intentando animarlos y haciéndoles algunas preguntas. Me encanta cuando se emocionan con las cosas más simples que suceden en cualquiera de los vídeos que vemos.
Luego, decidimos dejar que jueguen con un arenero lleno de arroz que hay en el aula. Disfrutan muchísimo simplemente pasando el arroz de un vaso a otro, removiéndolo con una cuchara como si fuesen cocineros, ofreciéndomelo para que yo lo coma… Experimentan cómo el arroz se escapa entre sus dedos, como se cae por el agujero del embudo o como no se cae si en lugar de un embudo utilizan un recipiente cerrado. La profesora aprovecha esto para preguntarle a una de las niñas por qué en algunos se cae y en otros no y ella responde correctamente.
Poco a poco, algunos niños y niñas se empiezan a dispersar y deciden jugar a otras cosas. Por ejemplo, algunos de ellos deciden hacer una torre con los bloques de construcción, mientras otros juegan con los bebés o se van a la cocina.
Llega el momento de recoger para ir a la colchoneta y hacer la asamblea. Nos sentamos todos en semicírculo para hablar sobre la Navidad, repartir las galletas y jugar a un juego de lanzarnos una pelota unos a otros.
Después volvimos a tener un tiempo de juego libre hasta que vinieron a avisarnos de que las otras compañeras que están de prácticas decidieron hacer un teatrillo para todo el alumnado de Breogán. Entonces, salimos al patio interior y nos sentamos en el suelo para poder verlo. Como siempre, varios niños y niñas quieren sentarse en mi regazo o quedarse a mi lado y yo encantada de ver que les gusta estar conmigo.
Tras haber disfrutado del teatrillo, tuvimos que volver al aula. Una vez en esta, juntos los pequeños y pequeñas del aula 1 y del aula 6 pudimos comer un bizcocho que preparé para ellos por mi despedida. También aprovechamos que estaban todo juntos para probar a llevar a cabo un experimento con una vela, agua y colorante que al final no salió como esperábamos.
A continuación, cuando ya estaban solo los de mi aula, empezamos a realizar los cambios de pañal, dar de beber a los niños y niñas y, posteriormente, contamos un cuento.
Llegó el momento de salir al patio, como siempre estuve jugando con ellos y aprovechando cada abrazo al máximo, porque lo cierto es que tuve la suerte de que me tocaron unos pequeños y pequeñas muy cariñosos.
Ya solo quedaba ir al comedor y, luego, al dormitorio. El día se iba acabando y yo seguía sin asumir que las prácticas llegaban a su fin. Seguía feliz por estar con ellos disfrutando, cuidándolos y transmitiéndoles siempre toda la alegría posible. Eso fue así hasta el momento en el que les di un abrazo a las profesoras y a los pequeños que quedaban en el patio, entonces la realidad me dio un golpe, realmente esta experiencia maravillosa se había acabo, ya no voy a volver cada mañana a disfrutar de sus sonrisas y todo el cariño que me daban.
Solo puedo darles las gracias a todos los que hicieron que mis ganas de ser profesora solo aumentaran, estoy realmente agradecida porque ahora sí estoy segura de que esto es a lo que me quiero dedicar.

Adiós Agasalle

El último dia empezó con un sabor agridulce. Por una parte intenté entrar en el aula con todas mis ganas y llena de alegría, pero no podía evitar estar triste por lo que suponía el día de hoy.

Al llegar al aula de madrugadores todos los niños y niñas me saludaron animados, como de costumbre, pero he de reconocer que yo estaba mucho mas cariñosa que otros días (si eso es posible).

Poco tiempo después de mi llegada nos movimos al aula habitual y procedimos a llevar a cabo las rutinas diarias. Quitar sudaderas, poner mandilones, asamblea...
Hoy la instalación ya estaba preparada por lo que fue un auténtico reto conseguir que los pequeños se estuviesen quietos y no fuesen a jugar con ella antes de tiempo.

Como de costumbre me encargué yo de la asamblea, aunque hoy fue más difícil que de costumbre. Casi no teníamos cuentos en el aula porque estaban en la clase de al lado y eso no ayudó en absoluto a que mis niños y niñas mantuviesen la atención. Además habia unos cuantos niños que tenían sueño y eso se notaba mucho en su comportamiento. Al fin y al cabo, tienen un año.

Después de la asamblea, como de costumbre, los niños y niñas fueron a jugar libremente con la instalación. Al principio me dediqué a observar las posibilidades que le ven los pequeños/as a una misma instalación, jugando de formas muy distintas con un mismo objeto. Posteriormente, cuando se fueron aburriendo del juego intervine jugando con ellos/as.

Poco después me trajeron mis notas metidas en el sobre. La verdad es que me hubiese gustado poder verlas, pero las normas son las normas.
Aproveché la excusa de ir a guardarlas para llevarles unos detalles a los profes que habia preparado unos días antes. Se los di muy triste porque no quería que esa experiencia se acabase. Ellos, por su parte, me respondieron con palabras de ánimo, muy motivantes.

Una vez de vuelta en el aula empezamos con la rutina de comedor, poner baberos, ayudar a comer, limpiar, etc.

Cuando terminamos, volvimos a tener un rato de juego libre en el que los niños reclamaron mis excasas habilidades como cuentacuentos y por supuesto, sus peticiones fueron atendidas. Estuvimos un buen rato leyendo cuentos y cantando canciones. Hasta la profe Iryna dijo "A ver que vamos a hacer nosotros el lunes sin Ana..." Casi me pongo a llorar al oirlo, soy una sentimental.

Sin darme cuenta ya se había pasado toda la mañana y por tanto, los niños/as de la clase de al lado vinieron a nuestra aula para esperar a que los viniesen a buscar. Jugué también con estos niños/as y les di todos los mimos que me quedaban por repartir y, cuando llegó la hora, muy apenada, me despedí de las profes y me fui. No sin antes ir a mi antigua clase de 2/3 años para despedirme también de los peques.

Intenté hacerme la fuerte durante toda la mañana pero al final, al salir del cole, se me escapó una lagrimita al pensar que no voy a volver allí como profe, o al menos, que no lo haré en mucho tiempo.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Adiós y gracias 14/12/18

Hoy es el final de esta gran aventura, hoy finaliza uno de los momentos que recordaré con más felicidad y amor, hoy terminan las prácticas.
Con este triste pensamiento entré en la escuela y una vez dentro, me encontré a casi todos los niños en el patio, jugando acompañados de mis compañeras de prácticas. Fui a dejar el abrigo y a ponerme la bata y me reuní con ellas para. Al poco, mi tutora, los niños de mi clase y yo entramos en el aula que nos correspondía y, una vez dentro, me entregaron una pequeña pulsera que me habían comprado y fue justo en ese momento en el que se abrió la fuente y no paré de llorar, incluso plasmar esto me trae lágrimas a los ojos. Después de abrazar a la tutora con mucho cariño y a los niños que ya habían llegado, me entregaron un pequeño tulipán que estaba naciendo y una estrella que contenía dentro las huellas de todos. Los niños me miraban extrañados ya que no entendían por qué estaba llorando y, aunque les explicamos que yo ya no iba a volver a estar en clase con ellos, pareció que no entendieron muy bien lo que queríamos decir, eso, o realmente no les importaba.
Cuando tanto la tutora y yo nos calmamos y dejamos de llorar, decidimos que era un buen momento para decorar las carpetas que iban a llevar a casa y, utilizando pintura de dedos y unos rollos de papel higiénico recortado, procedieron a pintarla.
Cuando terminaron y los lavamos, se acercaron a mi clase dos de mis compañeras y me pidieron ayuda ya que iban a hacer una obra con marionetas y necesitaban más manos a lo que, encantada, acepté. Pero lo que iba a comenzar siendo una pequeña obra para los niños de un aula, terminó siendo una obra para todos los niños de la escuela. Cuando terminé en el aula con lo que estábamos haciendo, fui a buscar a mis compañeras para ensayar una vez el cuento, O pito Cairo, ya que yo no me lo sabía. Cuando fui a clase de una de las compañeras, esta estaba contándoles un cuento a sus niños, y mi otra compañera estaba de espectadora, y juntas nos emocionamos viendo como nuestra amiga les contaba el cuento a los niños, y con el cariño que ellos le brindaban, dándole toda su atención. Pensar que esto no se iba a repetir nos emocionó, y a poco más volvíamos a abrir el grifo de nuestros ojos.
Cuando la compañera terminó, fuimos a ensayar el cuento y, al terminar, llamamos a todas las clases para que vinieran al patio. Una vez que colocamos todo, comenzamos, en general y exceptuando los pequeños problemas técnicos que tuvimos porque estaba planeado al principio de otra manera, fue muy bien, la mayoría de los niños atendieron y, al terminar, se me acercó uno de los míos a darme un abrazo y a decirme "Ota ves". Cuando recogimos todo, me fijé en que había llegado el niño nuevo, que seguía en periodo de adaptación, y también me fijé en que no paraba de llorar llamando por sus padres por lo que me acerqué a él y, al verme, corrió a subirse a mi colo. Nos dirigimos al otro aula de mayores ya que íbamos a comer un pastel y a hacer un pequeño experimento. Cuando todos los niños comieron, preparé el pequeño experimento: en un plato hondo lleno de agua, colocamos en el medio una vela encendida con colorante alimenticio en la base, y le colocamos encima una jarra de cristal larga. Mi intención era que, con el cambio de temperatura y presión, el agua empezase a subir por la jarra y, gracias al colorante, esa agua que tendría que subir sería de color, pero, por desgracia, no funcionó. Aun no entiendo por qué falló, pero a pesar de no haber conseguido lo que quería, a los niños les gustó mucho ya que vieron como el agua, gracias al colorante cambió de color. Cuando recogí y me lavé las manos que estaban manchadas por culpa del colorante (y que aún no logré quitar) fui a junto del niño nuevo, que seguía llorando llamando por sus padres. Logré calmarlo un poco ya que le empecé a preguntar cosas de su vida, donde vivía, que hacían sus padres, etc. Al principio parecía que ya había parado de llamar por sus padres, pero cuando salimos al patio, volvió al mismo bucle. Intenté mantenerlo ocupado haciendo que me ayudase con los pañales llamando a los niños, pero ni así fuimos capaces de que se calmase. También probamos con música, pero nos fue completamente imposible, solamente se calmó cuando, una vez que ya estábamos en nuestra aula, llegó su madre junto con su abuela. Cuando el niño ya se iba a marchar, le entregué una bolsa de gusanitos ya que había comprado una para los catorce niños de clase, una pena que en mi último día solamente hayan estado nueve, me produce mucha pena no haber podido despedirme de todos.
Una vez que el niño se fue y pusimos al resto a trabajar, me dediqué a recortar unos cartones rojos para que los niños hagan un árbol y, mientras pegaba las estrellas de purpurina en lo alto de la cartulina, me quemé, a parte de la planta, la estrella y la pulsera me llevo una bonita quemadura en la mano de recuerdo. Al poco de empezar a pegar las estrellas, llegó una madre a buscar a su hijo, por lo que le entregué su bolsa de gusanitos, llevándome un abrazo y un beso por parte del niño, algo que me sorprendió ya que este niño en concreto es muy tímido y no le gusta nada el contacto físico con alguien fuera de su familia. Cuando me despedí del niño y de su madre, continué con las estrellas y, al terminar, empecé a llamar a los niños para darles agua y lavarles las manos para así poder ir al comedor. Fue una misión imposible que recogieran todo para poder comenzar con la rutina, llevan un día en el que no hacen caso a absolutamente nada, tuvimos mordidas, rompieron cajas de madera, se tiraron juguetes a la cabeza... Hoy vinieron la gran mayoría enfermos, pero con medicamentos puestos de casa, por lo que estaban muy alterados, para poder lavarles las manos tuve que ir uno por uno yendo a buscarlos, excepto por dos o tres que son muy obedientes.
Cuando dio la una, nos dirigimos en fila al comedor, donde les pusimos los mandilones y los baberos, pero donde no pararon de moverse hasta que no les pusimos la comida delante, hoy tocaba sopa de fideos y pescado con patatas cocidas. En general comieron todos muy bien a pesar de ya haber tomado bizcocho ya que es una comida que por lo general suele gustar, sobre todo las patatas cocidas. Cuando el primer niño terminó, como era de los de mi clase y no se quedaba a dormir, me lo llevé al dormitorio para cambiarle el pañal y vigilarlo en el patio. Poco a poco me fueron trayendo a más niños y, cuando la auxiliar que estaba hoy terminó de colocar las camitas en el aula, vino a ayudarme ya que una persona sola no es capaz de atender a tantos niños. Cuando todos estuvieron listos, cogí la bolsa donde tenía guardados los gusanitos y lo fui metiendo en las mochilitas de cada niño, en el caso de aquellos que se iban antes, en su perchero.
Mientras estaba con los niños que no se quedaban a dormir en el patio, llegaron dos de mis compañeras de prácticas y comenzamos a hablar de lo mucho que íbamos a echar de menos todo y, en el momento en el que una de ellas empezó a llorar, yo ya no me pude controlar, y empezamos a llorar las dos como unas magdalenas. Cuando me acerqué a despedirme de mis niños que estaban en el patio, uno de ellos me abraza y me pregunta "Por que estas chorando?", pregunta que hizo que siguiese llorando con fuerza, pero con una gran sonrisa en la cara, ya que a parte de algún dolor de cabeza, estos niños me han aportado mucha felicidad a mi día a día, muchos momentos que no paraba de comentar con mi familia y amigos, y que al final hasta para ellos resultaba pesado, no entienden lo que es tener este amor por catorce niños a los que acabas de conocer.
Conforme iba pasando el personal por el patio nos íbamos despidiendo de ellos con un abrazo y con palabras de agradecimiento, tanto por su parte como por la nuestra, ya que fue todo un placer formar parte de esa familia durante un mes y medio, y que la acogida que nos dieron no podría haber sido mejor. Una vez que nos despedimos de todos y después de haber llorado otro poquito más, nos despedimos de la escuela, sabiendo que tenemos las puertas abiertas para lo que queramos y cuando queramos, y que somos bienvenidas siempre. Salgo de la escuela con las palabras que me dedicó mi tutora "Eres una gran persona y vas a ser una gran profesional", y no puedo evitar marcharme llorando, ya que esta aventura nos ha tocado a todas en el corazón y esto es algo que va a ser muy difícil de olvidar.

Gratitude

Hoxe foi un día "intensito". As nenas, nenos e eu levabamos falando do que pasaría hoxe durante toda a semana: "Ana, ¿por qué te tienes que ir a tu cole?", "¿El viernes es tu último día? ¿Y no vas a volver? ¿Y quién nos va a ayudar?". A verdade é que foi a semana que máis rápido me pasou. 

O día, aparentemente, comezou coma outro calquera. Os venres ao principio da mañá estou (estaba 😢) con 5A. As nenas e nenos foron chegando a clase como de costume, entre "bos días", apertas e anécdotas. Cando xa estaban todas, puxéronse a traballar no seu libro das vogais, o cal xa comezaron onte. Nel, tiñan que recortar uns cromos onde aparecían palabras escritas con cada vogal (oso, araña..), escribir ditas palabras e repasar as vogais. 
Ao rematar, comezaron a facer unhas postais que en nadal lles levarán aos pais. Nestas vai incluido un código QR que enlaza cun vídeo no que dín "La clase de 5A os desea una feliz navidad" ademais dun papel que pon "Familia: os deseo una feliz navidad". Desta frase os nenos debían escribir só as vogais. O traballo de lecto-escritura é algo que lles soe custar dependendo do día, e hoxe foi un deses días regulares onde había que repetir moitas veces as cousas. 
Cando acabaron, a miña titora explicoulles que hoxe era o meu último día e deixoume un anaquiño soa con eles. Expliqueilles entón que eu tiña que volver ao meu colexio "de maiores", e que a pesar de estar triste por marchar, estaba moi contenta porque todos eles me ensinaran moitas cousas, entre elas, que teño que ser profe si ou si. Despois dinlles un pequeno agasallo a cada un deles. Consistía nunha pulseira feita cun lazo atado á inicial do seu nome e unha pequena pinza cunha árbore de nadal. A continuación, tiveron un tempo libre para facerme un debuxo e cando o remataron era hora de saír ao patio e eran os últimos minutos sendo profe de 5A. 
Despois do patio tocábame con 5B. Primeiro estiveron ensaiando o festival, que é o 19, e ao subir a clase a mestra de música deixoume falar con eles e darlle o mesmo agasallo que lles repartira aos de A. 
Cando nos demos conta era hora de xantar, e só me quedaban dúas horas do Prácticum por diante.
Pola tarde estiven na clase de 5B. Nada máis chegar, como cada tarde, recibíronme entre "Ana! Ana!", mais hoxe sumábaselle a frase "No quiero que te vayas". 
Primeiro fixemos o "Comparto mi cuento", que consiste en que cada semana un neno trae un conto para compartir coa clase e, ademais, os pais deseñan unha pequena actividade para que fagan todos. Hoxe encargueime eu de ler o conto, coa axuda do neno que o trouxo. Cando rematamos de lelo, de comentalo e de facer a actividade (era un busca as diferenzas), os nenos tiveron que rematar a carta dos reis magos e a continuación tiveron tempo libre para colorear debuxos de nadal ou para xogar cos disfraces. Ao ser o final de trimestre estanlle adicando moito tempo a traballar cousas sobre o nadal ou a dispoñer de máis tempo libre. 
Cando tocou o primeiro timbre tiveron que vestir os abrigos, gardar o mandilón, vaciar as botellas de auga e colocar a mochila. E así, nun abrir e pechar de ollos, rematara o meu último día no cole. 

A miña titora regaloume uns debuxos de nadal e unha ceras manley porque entre nós comentaramos fai unhas semanas que pintar nos relaxaba, polo que me pareceu un detalle. Ademais, fíxome unha postal e encadernoume os debuxos de todos os nenos cunha foto de cada clase.

A verdade é que me sinto moi agradecida co colexio, cos nenos e cos profesores en xeral, de aí o título da entrada. Saio con máis recursos dos que pensei e estiven tan cómoda dende o primeiro día que non teño ningunha dúbida de que escollín a profesión acertada. Oxalá os nenos aprenderan algo de min porque eu saio do cole 6 semanas despois enormemente rica. 


Despedida (14 de decembro de 2018)

Hoxe é o último día de prácticas. Con emoción, entrei na escola, sabendo que sería o último día que entraría como mestra. Fun á aula, e alí recibín aos nenos xunto a miña tutora. Unha vez todos os nenos e nenas chegaron, fomos para o ximnasio para ensaiar de novo a actuación que farán este vindeiro xovés polo Nadal. Tivemos que cambiar unha das presentadoras, porque non quería selo máis, por outra que sí queria selo. Practicaron a preparación do escenario dúas veces, e o baile só unha vez. Tras iso, voltamos á aula a escoller encargado. Debido a falta de tempo, tivemos que escollelo rápidamente, sen pararnos demasiado nas rutinas, e algunhas quedaron sen facer.
Cando tocou cambiar de día no calendario, a miña titora repetiu o que dixo onte: que eu este día marchaba, e que non volvería máis. As reaccións foron as mesmas, todos os nenos e nenas miraron para min, cunha cara un pouco tristona.
Unha vez rematadas as rutinas, a miña titora decidiu darme un gran regalo. Deume o calendario que fixeran o alumnado en versión grande, para levar para a miña casa. Eu quedei sorprendida, porque non me esperaba que me fose a dar nada, e quedei encantada.
Cando os pequenos e pequenas foron ao baño a facer un pis e a lavar as mans, díxenlle a miña titora que iría a traballar na sala de mestres. Acto seguido busquei a directora para que me deixase os documentos do centro. Estiven o resto da mañá facendo unha breve síntese dos distintos documentos para o traballo do Practicum. Mentres o facía, varias mestras e mestres entraban e saían entablando breves conversacións conmigo, e dous dos nenos da miña clase entraron a saudarme. Cando rematei, xa era hora de comer, e os nenos de infantil xa foran para comedor ou para casa.
Cando voltei pola tarde, saudei aos nenos e a miña titora, como de costume. O alumnado escribía o seu nome en cadansúa carta que contiña as postais do Nadal que fixeran en clase, e tamén pegaron o sello no seu lugar correspondente. Despois, todos eles puxeron a cazadora e foron a facer fila no pasillo. Mentres tanto, eu e a mestra de 5 anos comprobamos se os sellos estaban no seu lugar correspondente e ben colocados. A maioría deles estaban ben, pero había outros que tiñan o sello pegado na esquina que non era ou mal orientados. Incluso hubo unha que rompeu pola metade e tivemos que pegar as dúas pezas xuntas, xa que estaban separadas. Unha vez todo estivo en orde, collín todas as cartas e fumos todos os de infantil a un buzón que atopábase un pouco lonxe do colexio. Contamos coa axuda dun pai en toda a duración desta pequena saida. Unha vez chegamos ao buzón, dábamoslles aos nenos e nenas, unha carta a cada un para que o meteran no buzón, sen ser necesariamente as súas. Cando rematamos, voltamos para o centro. Na súa duración, dous nenos cairon ao chan, un dáballe patadas a outro de 4 anos, e outro dáballe patadas ás paredes. Ademáis, ao rematar co buzón, duas nenas decidiron correr hacia diante sen esperar aos demáis. Fun tras elas camiñando, e díxelles que se detiveran. Ao chegar xunto delas, envieillas a miña titora, e ela castigounas por ser desobedientes e non esperar aos demáis. Tamén castigou ao neno que daba patadas ás paredes, quen chorou desconsolado. Ademáis, a mestra de 4 anos estivo todo o rato co neno que lle daba patadas aos demáis, e notificoullo á miña titora, quenes logo quitaronlle o seu xoguete de compartir.
Unha vez na aula, os tres castigados quedaron de pé na parede, mentres o resto dos nenos e das nenas presentaban o seu xoguete de compartir. Unha nena de primaria entrou e deunnos a miña titora e a min un trozo de tarta, debido a que estaba de cumpleanos e dáballe tarta aos mestres do colexio. Cando case remataran as presentacións dos xoguetes, a miña titora levantoulles o castigo aos tres nenos, e sentáronse xunto os demáis. Unha vez remataron, comezaron a xogar cos xoguetes dos demáis. Mentres tanto, entablei unha agradable conversación coa miña titora, quen me deu un pouco de mazapán do que fixeramos onte, pero pronto unha nena viu cun libro que trouxo un dos nenos para que llo lera. O lin varias veces debido a que varios nenos mo pediran, sentados comodamente nas cadeiras. Cando o tempo rematou, a maioría do alumnado recolleu todas as súas cousas para volver para a casa, incluindo os libros que trouxeran para o proxecto dos monstros que xa acabara. A cada un, deuselles un trozo de mazapán, e mentres a miña titora foi con eles para levalos xunto os seus pais e nais, eu metinlles aos restantes o seu mazapán nas súas mochilas. Entón, despedinme de todos eles, incluindo aos mestres de infantil, e marchei para a miña casa cun sorriso, sabendo que tiven unha gran experiencia no colexio Vilas Alborada.