Archivo del blog

martes, 20 de noviembre de 2018

Martes 20/11 - Rutinas


Como todas las mañanas, al llegar los pocos niños de mi clase estaban acompañados por alumnos de otras clases. Poco después se llevaron a los más pequeños para su aula y nos quedamos los de la clase de al lado y los de la mía. Por el pequeño lío de profesoras que está habiendo esta semana, hoy se quedaron más de lo habitual, y, en ese tiempo, los niños estuvieron jugando a su aire, así como construyendo torres con bloques de cartón con nuestra ayuda. Mientras, mi tutora me comentó que hoy podíamos poner en práctica la idea que me había comentado hace tiempo para que los niños experimentasen con pintura sin mancharse. Esta idea consiste en verter unos pequeños montones de pintura, témperas en este caso, en unas cartulinas o cartones, y a continuación forrarlas con film transparente. Así, los niños pueden tocar y pisar los lienzos creando su propio dibujo pero sin el impedimento de mancharse la ropa. En cuanto la profesora del aula contigua vino a recoger a sus alumnos, mi tutora y yo nos pusimos a preparar los materiales para poner en práctica la actividad. Mientras trabajábamos vino la auxiliar a sustituir a mi tutora para que ella hiciese el descanso que le correspondía, y procedió a sacarlos al patio interior. Yo la ayudé a sacar a todos los niños y después me quedé en el aula dando los últimos toques al material para que quedase listo. Al finalizar, salí con ellos al patio. Una vez allí, mi tutora se acercó un momento con unos trozos de pan para que me encargase de repartirlo entre los alumnos como hace ella todas las mañanas. Como siempre, su comportamiento en el patio llamó la atención de las profesoras y padres y madres que pasaban, al ser un grupo muy tranquilo y relajado. Después de un tiempo en el patio plagado de juegos, suplicas por más pan y algún que otro trozo babado recibido como regalo, mi tutora regresó y un rato más tarde procedimos a entrar en el aula para la clase de música. Me encargué de sentarlos en la colchoneta correspondiente mientras la profesora de música preparaba el material que iba a utilizar, y me senté entre los niños a disfrutar con ellos de la clase. Con el más rebelde entre las piernas para tenerlo controlado y otro en el colo (ya que llevaba dos semanas enfermo y ahora no se encuentra muy a gusto en la clase), la profesora empezó con sus canciones. Cantó y contó cuentos mientras tocaba el teclado en los que colaboramos con los instrumentos que nos repartía, primero campanillas de metal, después unos tambores que se golpean agitándolos y, por último, unos huevos que hacen la función de maracas. Como pude observar en todas las clases de música los niños no hacen apenas caso de lo que les canta o cuenta la profesora, además de no seguir sus instrucciones, lo cual es comprensible, ya que a menudo son demasiado complejas y ellos son muy pequeños. Aún así, las campanillas que usamos hoy parecieron despertar más su interés que otros instrumentos usados anteriormente, llegando algunos a quedarse con ellas durante toda la sesión aunque la profesora les ofreciese otros instrumentos. Esta ha sido la primera clase de música de la que he sido testigo con los gemelos, y he podido observar que el niño con síndrome de Down participa más que la mayoría y con más entusiasmo en esta clase. 
Al acabar la media hora de la clase, mi tutora y yo fuimos conscientes del poco tiempo que nos quedaba hasta la hora de la comida y de que no nos iba a ser posible realizar la actividad de las témperas. Nos tocará intentarlo mañana, aunque tendremos que realizarlo en dos tandas, una temprano con los niños que llegan antes, y otra justo antes de comer con los niños que hayan llegado a lo largo de la mañana. Una vez tomada la decisión empezamos a prepararlos para la comida, con la rutina de siempre, primero quitar camisetas y jerséis y después poner los mandilones, comprobando siempre quien necesita cambiar el pañal. A continuación toca darles de beber y lavarles las manos, mientras mi tutora va colocando las camas de cada uno para tenerlas listas al acabar de comer. Una vez hecho esto vamos colocando las sillas y sentando a cada uno en su sitio mientras esperamos por el carro de la comida. En este momento llegó el auxiliar y tanto él como yo nos sentamos en nuestros sitios habituales. Mi tutora nos repartió los platos y empezamos a darles la comida. El auxiliar se encargó de los gemelos, ya que son los que más problemas ponen, sobre todo después de dos semanas enfermos, y mi tutora y yo nos encargamos de los demás para que él se pudiera centrar en ellos. La hora de la comida fue un poco extraña para mí, ya que de los tres niños de los que me encargué, los dos que habitualmente comen sin problema se pusieron difíciles y el que es común que le cueste comer comió mejor de lo normal, aunque no sin dificultad. Con uno de los primeros descubrimos una estrategia que funcionó a la perfección para que abriese la boca para comer: mi tutora me cantaba a mí la canción de “sube sube una hormiguita y me rasca la cabecita […]”, y le fascinaba tanto que me rascase a mí la cabeza que metía la comida en la boca al momento mientras se reía. A medida que iban acabando los levantaba, les lavaba la cara y las manos y les quitaba el mandilón. Mandándolos a la zona libre de la clase para que jugasen un poco antes de acostarse. Después de que todos acabasen, de recoger las sillas y de esperar un poco mientras jugaban ya que hoy acabamos con tiempo, le empecé a pasar a mi tutora a los niños que habían hecho caca, y, una vez cambiados, los fui acostando. Tanto el auxiliar como yo nos sentamos entre las camas de los niños y tranquilizamos a los que intentaban levantarse. Una vez dormidos, me despedí de mi tutora y me fui, como siempre, al aula de los bebés más pequeños.
El resto del día en el aula de bebés fue muy tranquilo, su profesora no estaba hoy, pero en su lugar estaba la auxiliar con la que tengo bastante confianza, por lo que estuve cómoda y relajada. Mientras ella le daba de comer a un bebé yo entretenía al más pequeño, cogiéndolo en el colo cuando se cansó de estar tumbado. Como parecía entrarle el sueño lo subimos al columpio, donde estuvo muy tranquilo hasta que vinieron a buscarle. Como estaba todo muy tranquilo la auxiliar y yo estuvimos sentadas en la colchoneta con los niños que estaban despiertos, donde estuvimos comentando la situación de una niña que, teniendo casi nueve meses no hace el menor intento de moverse, poniéndose histérica incluso si intentas ponerla en otra postura que no sea sentada o tumbada boca arriba. Después de que algunos se durmieran y a otros los viniesen a recoger, llegó la hora de irme teniendo solo a un niño despierto y otra a punto de dormirse. 
En resumen, un día como muchos otros en los que queda claro la importancia de las rutinas en unas edades tan tempranas y que me demuestra que aunque a veces planifiques actividades no significa que todo vaya a salir como planeaste.

Hoxe foi un día tranquilo, o cal é moi raro (20 de novembro)

Pola mañá, entrei na aula para atoparme con Mary (nome falso que referirase á mestra de psicomotricidade e de música) e a maioria dos nen@s co chandal posto. Cando todos estiveron listos, fixeron unha fila no pasillo e diriximonos ao ximnasio. Unha vez alí comezamos coa rutina do calentamiento [consiste en calentar os distintos grupos musculares do corpo (pes, xeonllos, cadeira, mans, dedos, brazos, hombros, boca, nariz, ollos e cabeza) e nun xogo de imitar aos animais que Mary elixe coa axuda dunha ruleta]. Sen embargo, antes de comezar co xogo de imitar aos animais, Mary explicoulles o que ían a facer despois. Colleu un rollo de papel bastante grande e desenrolouno. Nel había pegadas de pés en distintas direcións. Mary explicoulles aos nenos e nenas que despois, cando ela o dixera, debían quitarse os zapatos e saltar enriba das pegadas, fixándose na súa orientación. Entón comezou co xogo de imitación, onde tocoulles facer un coello, un elefante e unha serpe. Mentres facían a serpe, un dos nenos quedou acostado contra a parede enfrente do punto de partida, e Mary aproveitou para dicirlles que unha serpe (o neno) estaba a durmir, polo que se tiñan que desplazar en silencio, darlle un bico e voltar ao punto de partida. Cando remataron os nen@s quedaron sentados contra a parede, e Mary mandoulles sacar os zapatos e que os deixaran enfrente súa. Mentres tanto, desenrolou de novo o papel coas pegadas de cores e o deixou no solo. Para que o papel non se movese, chamou a catro alumn@s para que suxetasen as esquinas, e os foi chamando de un en un para que fixesen o percorrido, axudandoos para que o fixeran máis ou menos ben. Mentres tanto, a maioría dos nenos quedaron na parede, atentos ao que estaba a ocurrir, e uns poucos decidiron xogar un rato ao pilla pilla, pero non molestaron aos demais nin se meteron por medio do papel, se non que correron ao redor. Unha vez todos pasaron polo percorrido, puxemoslles os zapatos e foron para o baño a facer un pis e lavar as mans, e así tomar a merenda na aula. Mentres comían, a mestra chamou a algúns deles para facer unha pequena actividade que consistía en coller un contagotas cheo de pintura azul, poñela na parte superior dun folio que foi pegado con celo a un dos dous encerados de tiza dos que a aula dispón, e facer coma se "chovese" sobre o papel. Ese folio tiña como unha especie de plastilina pegada, de forma que en dúas zonas do folio non cairon as gotas de pintura. Iso, logo formará parte do calendario que a mestra está a realizar coa axuda do seu alumnado. Tras a merenda, fumos para o recreo no ximnasio. Alí, unha nena pediume que lle pelara unha laranxa, outra dixome que a súa compañeira non quería xogar con ela, e tiven que controlar que non subisen ás espaldeiras, e que dous nenos que estaban a xogar cunhas cartas con debuxos de monstros non foran molestados por un dos seus compañeiros. Unha vez o recreo rematou, voltamos para a aula, onde a miña tutora deixoume ao cargo por uns cinco minutos, polo que tiven que encender o ordenador e o proxector para poñerlles cancións. Puxen un vídeo cun mix de cancións infantís, que pareceu que gustou moito aos nen@s, xa que tod@s eles estaban atent@s á pantalla, e ata cantaban o que sabían. Tras iso, e coa miña tutora ao mando de novo, o alumnado sentouse en circulo na alfombra para facer un pequeno xogo de cartas. Ela mostrou cinco cartas con monstros debuxados, de tamaños, cores e formas distintas. O interesante era que os monstros eran medidos con raias, sendo os dunha raia os máis pequenos e os que alcanzaban as cinco raias eran os máis grandes. A mestra deulle unha carta a cada un, para que eles fixeran un duelo cos seus monstros, sendo os que gañaran os máis grandes. Ela preguntáballe a cada un con quen quería "loitar", e ese neno ou nena elixía o contrincante. Despois, mostraban a súa carta, contaban as liñas, e a mestra preguntaballes "e quen gañou? cal é o monstro máis grande?", preguntas as cales eran respondidas correctamente algunhas veces. Un dos nenos, respondeu unha incorrectamente, dicindo que el era o gañador. Sen embargo, o seu monstro era dunha liña soa (o máis pequeno) e o da sua contrincante alcanzaba a cuarta liña. Ao rematar o xogo, onde todos os nenos e nenas participaron unha soa vez, a mestra fixo unhas fotos a tres grupos formados por oito nenos, onde tres deles tiñan un libro na man, e todos tiñan que actuar coma se nevase. Esas fotos son para o calendario que a mestra esta a facer. Tras iso, contoulles un conto, que non me acordo o titulo, pero eran unhas especies de cabras montesas (non exactamente cabras, simplemente non recordo que animal foi), as cales eran irmás, unha pequena, outra mediana e outra grande, que non tiñan comida e tiveron que cruzar unha ponte que estaba gardada por un troll coa axuda do seu inxenio, e así comer a herba do outro lado e volveronse as tres enormes despois de comer tanto. Ao rematar, a maioría dos nenos foron ao comedor, mentres que uns pocos foron a súa casa a comer.
Pola tarde, ao volver, comezamos co traballo por recunchos, pero desta vez o fixo distinto. A mestra escribiu na pizarra, acompañandoos con debuxos xa que estes nen@s non saben ler, os recunchos disponibles de hoxe que foron o de construcción, bebés, cociña, pintar, coches e animais, e lles dixo que podían ir ao recuncho que quixeran. A maioría dos nenos e das nenas, ao estar acostumados a xogos máis estructurados, as veces veñían a preguntar onde lles tocaba, ao que nos respondíamos que podían ir a onde quixeran. Mentres, a mestra pegaba os números escritos polo alumnado anteriormente no calendario do 2019 que está a crear. Eu prestaba atención ao meu redor, e falei con ela un rato, pero tras uns minutos, a mestra da aula de catro anos viño para pedirnos que vixiaramos a súa clase mentres ela buscaba unhas cousas na cociña do centro. Fun eu soa, e quedei alí por uns minutos. Non houbo incidentes de ningún tipo, o que si ocorreu e que tres nenas preguntaronme polo meu nome, e axudei a un dos nenos a abrir unha caixa de témperas. Cando a mestra de catro anos volveu, eu fun cara a miña clase, e como non había incidentes de ningún tipo, eu escribín a primeira parte do diario de hoxe, pero sen deixar de prestar atención ao que pasaba na aula. O que sí ocorreu, foi que duas nenas foron golpeadas, pero non foi nada grave. Cando a hora dos recunchos finalizou, a mestra dixolles que recolleran, pero aqueles que estaban no recuncho da cociña e dos bebés, os cales están na "segunda planta" da aula, non daban feito, polo que a mestra pechou a porta (é unha porta pequena de madeira, coma as que se usan nas vallas, para impedir que os nenos entren cando non deben) e "amenazoulles" con que o cole iba a pechar pronto e que eles quedarían a dormir alí con Braulio se non recollían [Braulio é un duende da clase que fai trastadas na aula de noite, cando non hai nadie]. Algúns deles non querían quedar, mentres que houbo outros que sí, pero independientemente da súa resposta, conseguiron recoller máis ou menos en pouco tempo. Despois, puxo unha canción titulada "No nadal, turrón de mazapán", que cantarán e bailarán o día 20 de decembro para celebrar o nadal, primeiro en galego e despois en castelán, que cantamos e bailamos xuntos. O único foi que unha das nenas púxose a chorar porque non lle gustaba a canción, e eu logrei que non chorase e ela quedou ao meu carón. Cando estaba a soar a canción en castelán, a mestra foise porque tiña que dar pintura aos de catro anos, e quedei eu cos nenos a esperar a Mary, xa que tiñamos música. Como a canción acabou antes de que Mary chegase, pregunteilles se querían a mesma canción outra vez, pero escoitei máis "nons" que "sis". Entón, chamei á nena que estaba a chorar antes, e pregunteille que quería mirar ela, e señalou o video de "O lobo e os sete cabritos" que miraramos anteriormente. Eu pregunteille aos nenos se querían ver esa, e escoitei máis "sis" que "nons", polo que lles dixen que a poñería, pero só ata que Mary viñese. Cando a mestra de música entrou, eu parei o video. Ela colleu os debuxos que eles comezaran a facer a semana pasada sobre as cousas que lles gustaran da visita ao conservatorio histórico para que os rematasen. Cando os nen@s iban terminando os seus debuxos, foron xunto Mary e ela poñía pola parte de atrás do folio o que o alumnado dibuxara. Despois diso, foron á alfombra e sentáronse en círculo. Mary puxo un maletín pequeniño no chan, no medio do circulo, e díxolles ue tiña algo que mostrar. Tamén dixo que ela non iba a berrar nen falar alto (porque tivo que chamar a atención de dous dos nenos que estaban a xogar) porque se non dañaría as súas cordas vogais. Entón explicou o que eran as cordas vogais, apoiándose como exemplo no violonchelo que viron na visita da semana pasada, e fixo que os nenos puxeran a súa man nas súas gorxas e dixesen a letra "a", para que desa forma fosen conscientes de onde estaban e como facían as súas cordas vogais ao facer un son. Entón, Mary dixolles que se unha mestra grita moito, que quedan afónicos e que non poderían falar máis, polo que non poderían ensinarlles nin decirlles cousas cariñosas e bonitas. Tras esa pequena charla, sacou un carrillón da súa pequena maleta. Dixo que dentro tiña instrumentos de percusión, que soaban cando eran axitados ou golpeados. Explicou as partes que compoñen ese instrumento, que hai un máis grande que chámase metalófono (as teclas do carrillón eran de metal), e un que tiña teclas de madeira. Tamén dixo que para facelo soar, que dándolle cos dedos non se podía porque non soaba, pero sí que o facía cando lle daba coas baquetas. Entón, ensinoulles a escala musical co carrillón, e o cantaron xuntos tres veces. Logo, sacou dous "sonajeros" [Mary dixo o nome dos instrumentos en castelán, por iso o escribín así] con cascabeis de metal, e unha maraca. Tras explicarlles o seu funcionamento, deullos aos nenos e nenas para que o foran probando e o foran pasando. Tamén dixo que o próximo dia, que lles deixaría probar o carrillón, que hoxe non o farían por falta de tempo. Ao rematar, todos recolleron as súas cousas. A maioría dos nenos e das nenas marcharon para a súa casa, só uns poucos quedaron á biblioteca. Eu fun de volta para a miña casa. O único que podo aclarar hoxe é que os nen@s estiveron moi tranquilos o día de hoxe enteiro, o cal é raro que pase, pero o agradecin moito porque me doe a miña cabeza, e seguro que estou caíndo enferma, xa que hai algún virus pululando polo centro e os cambios de temperatura son un tanto bruscos entre as aulas e o pasillo ou o ximnasio.