Comienza un
nuevo día en la escuela, y como de costumbre lo hace en el aula 4. Hoy, a
diferencia del resto de los días, nos hemos quedado allí hasta las diez, hora a
la que suele llegar mi tutora, ya que la auxiliar que estaba viniendo a sustituir a
la que estaba con nosotros, hoy no podía venir a ayudarnos.
Así que poco a
poco han ido llegando los niños y niñas de ambas clases, quienes se quedan un
poco extrañados al ver tanta gente. Han estado jugando tranquilamente los unos
con los otros sin montar mucho escándalo, que era lo que mi compañera de prácticas
y yo más nos temíamos. Uno a uno se ha ido uniendo al juego hasta que ya éramos
bastantes como para poder sentarnos a leer un cuento.
Curiosamente
cuando hemos empezado a llamarlos para que fuesen sentándose en la colchoneta, los
niños y niñas de mi clase, se iban hacia la puerta que comunica con nuestra
clase, pues ellos sabían que en aquel lugar no era donde a ellos les contaban
los cuentos normalmente. Mientras la profesora del aula 4, se sentaba
con los cuentos escogidos al lado de los pequeños. A lo largo de la lectura han
ido llegando algunos niños y niñas más hasta que finalmente nos hemos llegado a
juntar 18.
Cuando la
profesora empezó a ver que los niños y niñas perdían el interés por los cuentos
de animales, decidió cantar algunas canciones para que se pudiesen mover al ritmo
de estas si era lo que les apetecía. Mientras cantábamos todos juntos, llegó nuestra profesora, así que nuestros niños y niñas se levantaron rápidamente
de aquella colchoneta y empezaron a marcharse hasta nuestro aula.
Una vez allí, mi
tutora quiso continuar con la hora de lectura, así que nos volvimos a sentar
para leer en esta ocasión el cuento de Ernestina
la gallina (Yolanda Reyes y Aitana Carrasco). Después del cuento, como todos los días les recitó a los niños y
niñas un par de poemas sobre el otoño, de Rosalía de Castro, de Machado…
Al acabar esta actividad,
la profesora les propuso jugar con un par de puzles, mientras ella iba
cambiando los pañales de aquellos que lo necesitasen. Estos juegos les entretienen
muchísimo, al igual que los de bloques de construcción. Yo me estuve fijando en
un niño en concreto, estaba con un juego de encajables, lo primero que hacía era escoger una
pieza después la miraba, como analizando su forma y después miraba al bote
donde tenia que meterla por el hueco correcto, tratando de encontrar la forma
que encajase con la pieza que tenía en la mano. Acertaba siempre a la primera,
y sin ningún tipo de ayuda.
Cuando se acercaron
las 11:00, empezamos a recoger todos los juegos para poder salir al patio
interior, pero hoy a diferencia del resto de los días, no era para que los
niños y niñas jugasen, sino que había preparado un concierto de violín. Los músicos
eran nada más y nada menos que dos hermanos de uno de los niños del aula 4. Se
trataban de niños de primaria que, junto con su madre, nos representaron un
cuento ayudándose de sus violines; y así entre los dos dieron un gran
concierto, y entretuvieron a los niños y niñas de todas las clases de la
escuela. Lo hicieron realmente bien.
A mitad del
concierto, llegó un niño que está haciendo un horario especial de adaptación, se sentó con con la profesora y aguantó bastante bien el
resto del concierto.
Al terminar, fuimos
metiendo poco a poco a todos en el aula, para poder empezar a prepararlos para la
hora de comer. Como de costumbre les cambiamos el pañal, les quitamos los
pantalones y la camiseta y por último les pusimos el mandilón, para que así
cuando llegase el carrito de la comida estuviesen todos listos y pudiesen
sentarse a la mesa. Hoy no sé si es que llegó un poco antes de lo normal o si
es que nosotras íbamos con retraso, pero cuando la cocinera vino con la comida
a clase aun nos quedaban un par de niños y niñas por cambiar.
Mientras la profesora repartía
la comida en los platos, puré para los que aún no comen sólido y sopa para los
que ya son capaces de hacerlo, yo los fui sentando y poniéndoles el babero.
Como sólo estamos las dos para la hora de la comida, nos pusimos una en cada una
de las dos mesas que hay en el aula, y empezamos a ayudarlos a comer. La hora
de la comida no suele ser un momento problemático, ya que son bastante buenos y
comen bien.
La cosa se fue
complicando a medida que iban acabando de comer y había que empezar a lavarlos para
poder llevarlos a la cama. A pesar de haberle cambiado a todos el pañal antes
de la comida hubo que volver a cambiárselos a casi todos antes de dormir, lo
que nos hizo ir un poco más justas de tiempo. Además el niño que aún se está adaptando, no paró de
llorar desde que terminó de comer hasta que vinieron a por el a la 13:00; aún
no esta adaptado al funcionamiento de la clase, pues está viniendo poco a poco
para ir acostumbrándose, de hecho hoy es el segundo día que se queda a comer; y
por lo tanto solo quiere que estemos pendiente de él, pero son 13 niños y niñas
en toral en clase y solo son 3 los que no se quedan a dormir. Entre el sueño que
les estaba empezando a entrar y el jaleo que se estaba formando, alguno se unió a su llanto.
Cuando conseguimos
ir metiéndolos al dormitorio, el ambiente se fue tranquilizando, además en ese
momento llegó la auxiliar que sustituye por las tardes a la que estaba con nosotros desde que esta se jubiló, y nos ayudó con los que quedaban ya en clase.
Cuando ya estuvo
todo bajo control, mi tutora se metió en la habitación para controlar que todos
estuviesen durmiendo, y la auxiliar y yo nos quedamos hablando en el aula, esperando además
a que viniesen a recoger al niño que se queda a dormir en el aula.
Cerca de las 14:30
comenzaron a salir los primeros niños y niñas del aula, así que entre la auxiliar y
yo los empezamos a vestir para que estuviesen listos para cuando llegasen sus
papás o sus mamás para llevárselos a casa. Cuando dieron las 15:00 ya solo
quedaban dos niños durmiendo, pero aún así mi tutora me dijo que ya me podía ir
así que deje la bata colgada en la percha, saliendo del aula despidiéndome de los
niños y niñas hasta mañana.
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