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lunes, 3 de diciembre de 2018

3 de diciembre. El tiempo vuela

Al fin lunes para volver a la escuela y poder ver de nuevo a los bebés. Hoy ha sido un día muy intenso y se me ha pasado volando. Empecé el día en el aula 2, con 8 bebés exactamente, a los que después se incorporaron otros 2. El día empezó con llantos, ya que teníamos una adaptación, la pequeña Sofía. Era la primera vez que tomaba el biberón fuera de casa, y como nos dijo su madre: le lleva mucho tiempo. A pesar de esto, Sofía logró tomar su biberón entre llantos, dejando un poco menos de la mitad. Cuando acabó tuve que dormirla, ya que se caía con el sueño e igual por eso tampoco paraba de llorar.
Logré dormirla y ya les tocaba el biberón a otros tres pequeños, así que los calenté para dárselos, ya que la profe Patri estaba ocupada con otro bebé. Le fui dando el biberón uno a uno y todos comieron todo, así que Patri estaba encantada con sus niños y yo por lo tanto también.
Al finalizar los puse en las hamacas, les tapé con sus mantitas y me dispuse a cantarles para que se durmiesen mientras los balanceaba. Conseguí dormirlos y llegó el momento de otro biberón así que llegó el turno del pequeño Martín, que come también que incluso toma el biberón en la propia hamaca, queriendo agarrarlo él mismo. Después tuve que dormir a una pequeña que entra muy temprano y ya tenía sueño, al mismo tiempo que tuve que dormir a Xián, ya que sus padres nos avisaron de que se despertó muy pronto.
Al finalizar, jugué con los niños que estaban despiertos y realizamos una actividad para el colegio. La actividad consistía en estampar con pintura las manos de los bebés en un círculo verde, que será un adorno de navidad para el árbol del colegio. Fuimos cogiendo a los que estaban despiertos, y tuvimos que abrirles las manitos y ayudarles, ya que son muy pequeños para hacerlo ellos solos. Las manos quedaron bastante bien, pero las repasamos un poco con pintura, para que quedase más llamativo y se viera más.
A continuación Sofía despertó y aunque aguantó un tiempo sin llorar, poco tardó en darse cuenta de que mamá no estaba y empezó de nuevo y al parecer el llanto es contagioso, así que Martín empezó a llorar otra vez.
Y esa fue la siguiente tarea, consolarlos y conseguir que parasen de llorar. Finalmente lo conseguí, porque era también cuestión de sueño.
Por último acabé el día dando las comidas, las papillas preparadas por las mamás. Cuando terminé los limpié y los puse a jugar, menos a dos que tuve que dormir porque tenían sueño.
Así acabé el día, después de muchos llantos, muchos biberones pero también mucha gratificación por parte de los babys.

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