Hoy fue el día que más me
costó levantarme de toda esta semana y creo que a los niños de mi
clase debió de pasarles algo similar, ya que en general las primeras
horas de la mañana estuvieron bastante calmados.
Como todos los días, al llegar
a clase nos sacamos los abrigos y nos pusimos los mandilones pero a
diferencia del resto de la semana, hoy fueron mucho más rápidos.
Esta rutina debió de llevarles algo menos de 20min ya que como
decía, estaban todos bastante tranquilos y no “perdieron el
tiempo” paseando y jugando por toda la clase.
Cuando ya estaban todos sentados
en sus sitios, Magdalena (la tutora) comenzó a cantar con una voz
muy calmada la canción de los “buenos días”. Al terminar se
dirigió a la zona del perchero para nombrar a la encargada del día.
Como ayer le tocara al número 9 hoy iba el 10.
Una nuña, contestó muy bien a todas
las preguntas sobre el día de la semana, el mes, el tiempo, quién
falta, etc. Es muy lista y muy callada, aunque puede que
esto último tenga que ver con que es de las más pequeñas de la
clase (tiene 4 años recién cumplidos).
Después Magdalena les contó,
que el día 21 irían a la iglesia a celebrar el Día de la Niña
María, una celebración muy importante en todos los colegios de la
Compañía de María. Esta noticia generó un pequeño diálogo, ya
que todos los niños de forma espontánea aunque respetando turnos,
quisieron dar su opinión sobre esta celebración y contar lo que
saben sobre la niña María.
Personalmente me quedé un poco
impactada con la reacción y los conocimientos católicos que tienen
para ser tan pequeños, pues algunos no saben ni escribir su nombre
pero son capaces de explicarte quién es la niña María y que se
celebra. Supongo que me impresionó también por el hecho de haber
recibido una educación laica y por ser la primera vez que escuchaba
en esta clase contenido religioso.
Cuándo terminó el debate,
cantaron un par de veces la canción que deben aprenderse y que
repetirán desde hoy hasta que vayan a la iglesia.
Luego Magdalena le pidió a
Sergio que explicara los pasos que siguieran algunos de los niños la
semana pasada para hacer sus botellas de la calma, porque por la
tarde la harían los que quedaban. Cuando Sergio terminó su
explicación, la encargada y yo repartimos los libros para que
hicieran una ficha sobre este tema. En ella debían dibujar una
botella de agua, agua, un tubo de pegamento y purpurina además de
numerar los pasos, para que así no se olvidasen de lo que ya
hicieran o de lo que tendrían que hacer.
A medida que fueron terminando y
guardando su cuaderno, fueron cogiendo sus meriendas y sentándose a
merendar. Hoy tampoco pudimos salir al patio porque hacía muy mal
día, asique me volví a quedar yo con ellos los 35 min que dura el
recreo. Disfruté bastante de este tiempo a pesar de que controlar
los gritos es casi imposible, pero es uno de los momentos en los que
puedo tener un contacto más personal con los niños ya que vienen a
contarme cosas de sus vidas.
Antes de irnos para casa
hicieron una ficha sobre el 1 y el 2, primero debían repasar unos
puntos y después hacerlos ellos solos. Algunos niños son muy
rápidos y a otros les cuesta un poco más. Lo bueno es que estos
últimos suelen acercarse para pedir ayuda porque como me dijo uno
“yo no se hacido los doses”, aunque por lo que he observado
estos días muchos de ellos piensan o dicen que no saben y en cuanto
te sientas a su lado son totalmente capaces.
Por la tarde me recibieron todos
a gritos desde la puerta, yo suelo entrar un poco más tarde que la
mayoría porque me encargo de bajar a los niños que vienen en bus
que en comparación con los que van al comedor o vienen de casa son
muy pocos. Al entrar ya estaban todos en sus sitios esperando
impacientes para hacer sus botellas de la calma. Primero repartimos
las botellas que ya estaban hechas y después Magdalena fue llamando
de uno en uno a los que no tenían para entregarles una vacía y que
la fueran a llenar de agua al baño. Cuándo ya tenían todos sus
botellas llenas de agua casi hasta arriba, les echamos un poco de
pegamento, las cerramos y las agitaron. Esperaron tranquilos y
bastante callados a que la espuma que se creara desapareciera para
poder añadirles la purpurina. Después las volvimos a cerrar y
volvieron a agitarlas.
Pusimos música relajante para
que jugaran un rato con ellas y cuándo se cansaron los dejamos que
cogieran un cuento, plastilina o hicieran un dibujo.
Y así fue como se nos pasó el
día de hoy.
En general estoy bastante
contenta, aunque sigo sin sentirme del todo cómoda en el colegio, ya
que no me siento muy “arropada” por el resto de profesorado.
También sigo algo perdida, se dónde esta mi clase y poco más, pues
aun no me han enseñado el centro. Además hasta hoy, casi no pude
hablar con mi tutora, ya que encontrar momentos de conversación es
casi imposible con una clase tan reboltosa. Espero que a medida que
pasen los días se solucionen estos pequeños detalles y seguir
aprendiendo.


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