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jueves, 8 de noviembre de 2018

8/10/2018-"No se hacido los doses"


Hoy fue el día que más me costó levantarme de toda esta semana y creo que a los niños de mi clase debió de pasarles algo similar, ya que en general las primeras horas de la mañana estuvieron bastante calmados.
Como todos los días, al llegar a clase nos sacamos los abrigos y nos pusimos los mandilones pero a diferencia del resto de la semana, hoy fueron mucho más rápidos. Esta rutina debió de llevarles algo menos de 20min ya que como decía, estaban todos bastante tranquilos y no “perdieron el tiempo” paseando y jugando por toda la clase.
Cuando ya estaban todos sentados en sus sitios, Magdalena (la tutora) comenzó a cantar con una voz muy calmada la canción de los “buenos días”. Al terminar se dirigió a la zona del perchero para nombrar a la encargada del día. Como ayer le tocara al número 9 hoy iba el 10.
Una nuña, contestó muy bien a todas las preguntas sobre el día de la semana, el mes, el tiempo, quién falta, etc. Es muy lista y muy callada, aunque puede que esto último tenga que ver con que es de las más pequeñas de la clase (tiene 4 años recién cumplidos).
Después Magdalena les contó, que el día 21 irían a la iglesia a celebrar el Día de la Niña María, una celebración muy importante en todos los colegios de la Compañía de María. Esta noticia generó un pequeño diálogo, ya que todos los niños de forma espontánea aunque respetando turnos, quisieron dar su opinión sobre esta celebración y contar lo que saben sobre la niña María.
Personalmente me quedé un poco impactada con la reacción y los conocimientos católicos que tienen para ser tan pequeños, pues algunos no saben ni escribir su nombre pero son capaces de explicarte quién es la niña María y que se celebra. Supongo que me impresionó también por el hecho de haber recibido una educación laica y por ser la primera vez que escuchaba en esta clase contenido religioso.
Cuándo terminó el debate, cantaron un par de veces la canción que deben aprenderse y que repetirán desde hoy hasta que vayan a la iglesia.
Luego Magdalena le pidió a Sergio que explicara los pasos que siguieran algunos de los niños la semana pasada para hacer sus botellas de la calma, porque por la tarde la harían los que quedaban. Cuando Sergio terminó su explicación, la encargada y yo repartimos los libros para que hicieran una ficha sobre este tema. En ella debían dibujar una botella de agua, agua, un tubo de pegamento y purpurina además de numerar los pasos, para que así no se olvidasen de lo que ya hicieran o de lo que tendrían que hacer.
A medida que fueron terminando y guardando su cuaderno, fueron cogiendo sus meriendas y sentándose a merendar. Hoy tampoco pudimos salir al patio porque hacía muy mal día, asique me volví a quedar yo con ellos los 35 min que dura el recreo. Disfruté bastante de este tiempo a pesar de que controlar los gritos es casi imposible, pero es uno de los momentos en los que puedo tener un contacto más personal con los niños ya que vienen a contarme cosas de sus vidas.
Antes de irnos para casa hicieron una ficha sobre el 1 y el 2, primero debían repasar unos puntos y después hacerlos ellos solos. Algunos niños son muy rápidos y a otros les cuesta un poco más. Lo bueno es que estos últimos suelen acercarse para pedir ayuda porque como me dijo uno “yo no se hacido los doses”, aunque por lo que he observado estos días muchos de ellos piensan o dicen que no saben y en cuanto te sientas a su lado son totalmente capaces.
Por la tarde me recibieron todos a gritos desde la puerta, yo suelo entrar un poco más tarde que la mayoría porque me encargo de bajar a los niños que vienen en bus que en comparación con los que van al comedor o vienen de casa son muy pocos. Al entrar ya estaban todos en sus sitios esperando impacientes para hacer sus botellas de la calma. Primero repartimos las botellas que ya estaban hechas y después Magdalena fue llamando de uno en uno a los que no tenían para entregarles una vacía y que la fueran a llenar de agua al baño. Cuándo ya tenían todos sus botellas llenas de agua casi hasta arriba, les echamos un poco de pegamento, las cerramos y las agitaron. Esperaron tranquilos y bastante callados a que la espuma que se creara desapareciera para poder añadirles la purpurina. Después las volvimos a cerrar y volvieron a agitarlas.


Pusimos música relajante para que jugaran un rato con ellas y cuándo se cansaron los dejamos que cogieran un cuento, plastilina o hicieran un dibujo.
Y así fue como se nos pasó el día de hoy.

En general estoy bastante contenta, aunque sigo sin sentirme del todo cómoda en el colegio, ya que no me siento muy “arropada” por el resto de profesorado. También sigo algo perdida, se dónde esta mi clase y poco más, pues aun no me han enseñado el centro. Además hasta hoy, casi no pude hablar con mi tutora, ya que encontrar momentos de conversación es casi imposible con una clase tan reboltosa. Espero que a medida que pasen los días se solucionen estos pequeños detalles y seguir aprendiendo.

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