Archivo del blog

viernes, 30 de noviembre de 2018

Un viernes muy dulce


Una semana más llega a su fin, como todos los días al llegar me voy al aula 4 donde están los niños y niñas de mi clase que llegan más temprano, esperan a que llegue su profesora. Hoy nos llegamos a juntar 13 en total, pero eso no supuso ningún problema ya que los pequeños de ambas clases son muy buenos y no se pelean entre ellos.

Cuando ya era cerca de las 10:00, nuestra profesora llamó a la puerta y todos los niños y niñas fueron a recibirla con abrazos llenos de alegría. Así que nos fuimos todos a nuestra aula, la 5. Una vez allí, estuvieron jugando un par de minutos a su aire, hasta que la profesora estuvo lista para empezar la clase. Hoy escogió un par de libros que hablan sobre el oso, el primero fue El oso (Laura Bour), y el segundo Vamos a cazar un oso (Michael Rosen y Helen Oxenbury), antes de empezar a leerlos, me mandó a la cocina a por un bote de miel y un plato para que los niños y niñas pudiesen probar el dulce sabor a miel. Alguno no dudó en meter el dedo en el plato y de ahí a la boca, pero a otros les resultó extraña la textura y se quedaron mirando al dedo manchado, y otros por el contrario nos les interesaba nada probar la miel y pasaron de acercarse a la colchoneta en la que estábamos.
Después de probar la miel y de ir al lavabo a limpiarse las manos, andaban un poco alterados y dispersos, así que eso de volver a sentarlos para leer el segundo cuento fue un poco más complicado, por lo que al ver la situación la profesora decidió cambiar de actividad. Dejó que los niños y niñas se levantasen de la colchoneta y yo, a la vez que fui a devolver la miel a la cocina, les pedí un paquete de harina. Al volver a clase, la profesora tenía preparados dos cajones en los que repartió la harina y un montón de cucharas de plástico, vasitos, tubos… que puso dentro de la caja con harina. Después les puso a dos de ellos unos mandilones que hay en el aula para cuando pintan y hacen actividades de este tipo. Por parejas fueron pasando por la mesa donde estaba esto organizado y yo mientras les saque un par de fotos que me pidió la profesora.
Esta actividad nos ocupó prácticamente toda la mañana hasta que salimos a las 11:00 al patio interior. Una vez allí, aproveche para ir a tomar un pequeño descanso al comedor con una de mis compañeras de prácticas. Al volver, estuve hablando con mi tutora sobre el tema de decorar la clase para la época de navidad, ya que ayer a la hora de la comida, me comentó que podía encargarme yo de buscar ideas y de hacer después lo que mejor nos pareciese. Algunas de las ideas que encontré son un poco difíciles por el tiempo que llevaría hacerlas o bien porque queremos que haya decoración hecha también por los niños y niñas de clase y entonces algunas de las posibles ideas son un poco difíciles para poder hacerlas con ellos.
Como marca la rutina a las 11:30 volvimos a entrar en el aula para preparar a los niños y niñas para la hora de comer. Hoy estaban un poco revueltos e inquietos, por lo que la profesora decidió hacer uso del ordenador para poner canciones infantiles en él y así que los pudiésemos cambiar más tranquilamente y sobre todo para que estuviesen listos para cuando llegase el carrito de la comida. Cuando ya estaban todos sentados a la mesa llegó, como todos los días una de las niñas a su hora habitual, así que la recibí yo, y juntas le dijimos adiós a su mamá y la lleve al cambiador para quitarle la ropa y poder ponerle el mandilón y que se pudiese sentar con el resto de sus compañeros y compañeras a la mesa.
Como es habitual desde que se marchó la auxiliar que había en mi clase, estuvimos mi tutora y yo solas para la hora de comer. Hoy eran 12, así que repartidos entre las dos mesas del aula, los pequeños esperaban por la comida que estaba terminando de servir la profesora en los platos. Yo me puse delante de una mesa para empezar a ayudarlos a comer y mi tutora delante de la otra. Cuando pasamos al segundo plato, acabamos cambiándonos las mesas, ya que en la mía estaba un niño, que, tras muchos intentos, ha empezado a comer el puré hace poco y aun le cuesta. 
Poco a poco fueron acabando de comer, así que fui a por un par de toallas a la habitación y las lleve al lavabo para poder empezar a quitarles los restos de comida que tenían por la cara, cuando la profesora apenas había empezado a lavarlos, apareció uno de los auxiliares del centro para ayudarnos. Él los fue lavando y la profesora los cambiaba, mientras que yo les daba el chupete y los iba metiendo en cama. Poco a poco el aula se fue quedando vacía y en calma. Yo me quede dentro de la habitación vigilando que no se levantasen y que empezasen a dormir, mientras que mi tutora terminaba de recoger el aula y esperaba a que llegase una compañera para que se quedase con un niño que duerme un ratito en la clase, ya que su mamá viene a las 14:00 a por él.
Cuando la profesora pasó a la habitación para que yo pudiese salir, me dijo que podía sacar las fotos que quería del aula, que la había preparado y recogido toda para que saliesen bien.
A partir de las 14:30 comenzaron a despertarse los primeros, así que entre la auxiliar y yo los fuimos vistiendo poco a poco. Al cabo de unos minutos, llego mi tutora y antes de recoger mis cosas para marcharme, estuvimos hablando otra vez de la decoración de navidad que vamos a hacer, ahora ya si que sabemos lo que vamos a hacer, y creo que va a quedar realmente bien.


2 comentarios:

  1. Que día más guay Marina! Con respecto a tu reflexión sobre la miel, yo también estoy muy sorprendida con el tema. De hecho, antes de entrar en el cole pensé que todos los niños y las niñas disfrutaban experimentando, con todo lo que eso implica, incluido el mancharse de vez en cuando. Sin embargo, he ido descubriendo poco a poco que muchos muchísimos niños/as se asustan o se muestran reacios a actividades que impliquen embadurnarse o incluso probar cosas nuevas.
    Ayer viernes, por ejemplo, en la escuela infantil, concretamente en el aula de 1-2, tuvimos una actividad de pintura y experimentación con chocolate. Nada más llegar al centro a las 9 de la mañana y oler el chocolate pensé: niños/as y chocolate ¿qué podría salir mal? Pues la respuesta fue que muchas cosas salieron de forma muy diferente a cómo me había imaginado.

    Cuando llegó el momento de la actividad la profesora con la que estoy ahora les preparó una mesa muy bien decorada con chocolate, haciendo dibujos con la ayuda de una manga pastelera. De verdad te digo que daban ganas de toquetear toda la mesa. Por el contrario, cuando llegó el momento de experimentar con la actividad los pequeños/as se quedaron un paso por detrás. Algunos valientes, concretamente uno y después su compañero que por imitación siguió su comportamiento, se tiraron sobre la mesa, jugando con las manos e incluso llevándose el chocolate a la boca. Otro niño tardó mucho en empezar pero una vez que se manchó las manos empezó a participar cómo el que más. Sin embargo, los otros 10 niños y niñas de la clase prácticamente no hicieron nada. Tocaban la mesa con el dedo para probar el chocolate pero aún así no estaban muy convencidos de lo que estaban haciendo. De hecho, había un niño que todavía no camina que estaba sentado en el suelo al lado de la mesa y cada vez que salpicaba un poco de chocolate al suelo se alejaba arrastrándose para no mancharse.
    Los tres niños que participaron activamente se lo pasaron de maravilla mientras que los demás, aparte de aburrirse, al poco tiempo empezaron a estar irritados por lo que los llantos estuvieron muy presentes a lo largo de toda la mañana.

    Después de la observación del día de ayer me doy cuenta de que es justo al contrario de lo que pensaba y que muchas veces estas actividades son más cortas de lo que planificamos previamente porque los niños/as se niegan a participar (y muy comunmente por lo que veo). Me alegra saber que no soy la única que se encontró con esa situación, aunque en el caso de la miel fue un momento concreto y no una actividad entera.
    Un saludo!

    ResponderEliminar
  2. Hola chicas!
    Me uno a vuestros comentarios sobre la anécdota de la miel, porque al igual que a vosotras, me sorprendió bastante la respuesta de los pequeños y pequeñas hacia las nuevas texturas. Yo también tenía la idea de que todos los niños/as adoraban experimentar nuevas sensaciones, y de que a todos les gustaba embadurnarse un poco, ya que cuanta más suciedad más diversión!. Pero la realidad en mi aula es muy distinta, evidentemente si que hay niños/as que se lanzan a tocar todo lo que les mostramos y a experimentar con ello sin ningún reparo, en cambio hay otros, que como ya habéis comentado vosotras, se muestran más reacios, negándose incluso a realizar la actividad.
    No tengo muy clara cual puede ser la causa de estas reacciones tan distintas, pero yo creo que afecta mucho a veces lo que hacen en su casa, se nota bastante la diferencia entre aquellos niños que ya han tenido la posibilidad y libertad de experimentar por ellos mismos diferentes texturas y sabores, y aquellos que parecen estar un poco en una burbuja, y prácticamente no han experimentado con nada fuera de lo común, mostrando negación a participar en este tipo de actividades, e incluso asco hacia algunos materiales. Lo cual también puede ser causa de inseguridades a la hora de trabajar con elementos que no habían visto antes, o que si los habían visto, no tuvieron la participar de "jugar" libremente con ellos.
    Pero como ya he comentado anteriormente, esta solo es una opinión, ya que no tengo muy claro cual puede ser la razón de estos tipos de comportamientos, pero, por lo menos me alegra no haber sido la única a la cual le sorprendió este tipo de situaciones. Un saludo!

    ResponderEliminar