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miércoles, 21 de noviembre de 2018

19 de Noviembre, un lunes muy tranquilo.


Buenas tardes, antes de nada quería pedir perdón porque debía subir mi diario el día 19, pero se me olvidó.
Llego como cada día a las 9.00 a la escuela con ganas de ver a los que ya considero “mis pequeños”.
Como ocurre muchas mañanas, debido a los pocos alumnos y alumnas que hay a estas horas, están juntos los del aula 1 con los de mi aula. Es decir, los infantes de las aulas en las que se encuentran los que tienen entre 2 y 3 años.
Entro en el aula saludando con una sonrisa. Me pongo la bata y comienza mi día.
Veo que hay algunos alumnos y alumnas que están jugando a formar la vía de un tren de madera, otros están mirando unos vídeos de canciones infantiles y otros están con un juego de madera que consiste en encajar unas piezas en unos agujeros. Me quedo con este último grupo y les voy preguntando a los pequeños y pequeñas los colores que tienen cada una de las piezas que van cogiendo y también les pido que cuenten cuántas piezas tienen colocadas.
Poco a poco van llegando más niños y niñas. Mientras seguimos en un tiempo de juego libre, por lo que hay algunos y algunas siguen con los juegos mencionados anteriormente, otros utilizan el carrito de la compra, hacen de cocineros y cocineras…
Hoy uno de los niños está muy agresivo. Si bien es cierto que suele ser uno de los que acostumbra a ser más desafiante, hoy es incluso más de lo habitual. De hecho, hay algunos momentos durante el juego de las piezas de madera que se le ve perdido, agarrando todas las piezas y sin saber qué hacer. También intenta pegar a otro de los niños que está jugando con él.
Debido a que este domingo es el día contra la violencia de género, hacemos un mural en el que cada uno de los niños y niñas pone su huella en color morado.
Empezamos a ordenar porque toca el momento de ir a la colchoneta para hacer la asamblea diaria. Hay varios que recogen los juguetes sin tener que pedírselo apenas y los felicito. Mientras tanto, veo que a los del aula 1 les cuesta mucho más recoger y obedecer.
Una vez estamos todos sentados en la colchoneta, cantamos la canción de los buenos días, leemos un cuento y repartimos una galleta para cada niño. Hoy están bastante calmados y portándose muy bien. Como siempre, en el momento de sentarnos en la colchoneta, uno de ellos pide sentarse en mi regazo.
Llega uno de los niños a los que les cuesta despedirse de su madre. Asimismo, hoy se trae un peluche de un mono del que no se separa en toda la mañana y que no permite que se le quite.
Al acabar la asamblea, aprovechando que el cuento hablaba de una pesadilla con forma de monstruo que se escondía en el armario, se pide a los alumnos y alumnas que dibujen una pesadilla. Pero justo antes de que empiecen a dibujar, nos avisan de que una de las alumnas del aula 1 está de cumple, por lo que vamos hasta esa aula a comer un poco de bizcocho y cantar el cumpleaños feliz.
Durante el tiempo que estamos en el aula 1 aprovechan un rato de juego libre. La gran mayoría del alumnado juega en la cocina. El rincón de la cocina de esta aula incluye cosas que en el aula 6 no hay, como un microondas, una tabla de planchar, una lavadora… Por ello, cuando volvemos para nuestra aula, uno de los alumnos me pregunta con cara de pena por qué sus compañeros tienen una cocina diferente a la suya.
Nos sentamos para empezar la actividad de dibujo que teníamos pendiente, pero aguantan poco tiempo concentrados y empiezan a dispersarse, por lo que recogemos los dibujos y dejamos un tiempo de juego libre.
Llega el momento de empezar a recoger y calmarnos un poco porque va a venir el profesor de inglés.
Vamos todos a la colchoneta. Cuando llega el profesor de inglés dicen todos “hello teacher”. Hay varios que lo hacen muy bien y saben contestar a lo que les pregunta el profesor. Se va el profesor y de despiden “bye bye teacher”.
Una vez se ha ido el profesor de inglés, vemos unos cuentos en el ordenador y después vamos al patio.
Después de haber jugado en el patio vamos al comedor. Se portan muy bien y comen ellos solos. Los felicito por comer ellos solos y veo que se sienten orgullosos por saber hacerlo.
Con motivo del cumple mencionado anteriormente, pudieron comer unos pocos gusanitos al haber acabado toda la comida. Uno de los alumnos quedó sin gusanitos porque ya se habían acabado, pero le pidió por favor a sus compañeros que les dieran unos pocos y estos accedieron rápidamente.
Como siempre, al acabar de comer, lavamos las manos y quitamos los baberos y mandilones.
Después, algunos se quedan jugando en el patio esperando a que los vengan a buscar, mientras que otros pasan a dormitorio para dormir una siesta. Me quedo un tiempo al lado de unas pequeñas ayudándolas a dormir y ahí se acaba mi jornada.
Son las 14.30 y estoy muy cansada, pero también muy feliz.

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