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martes, 27 de noviembre de 2018

27 de Noviembre.


Son las 9:00 y llego al colegio. Tan pronto entro por la puerta que da al patio interior y uno de los niños me ve, viene corriendo hasta mí para darme un abrazo. Luego, al entrar en el aula, otros dos niños vienen a abrazarme. Qué bonito recibir tanto cariño ya de mañana.
Todavía son pocos en clase debido a que no tienen un horario fijo de entrada y cada uno va llegando a una hora diferente.
Algunos están mirando unos vídeos en el ordenador, mientras otros me piden que les deje unos juegos de piezas de colores. Estos últimos comparten el juego y se ayudan unos a otros, colocando cada pieza en el color que le corresponde.
Después, comienzan a pedir unos cuentos para poder leer. Coge cada uno una silla y se sientan a leer su cuento, bueno a ojearlo más bien.
Una de las niñas me pide que me siente con ella y le lea el cuento y lo hago, me quedo con ella, mientras intento controlar a los demás. Esta es una de las cosas que me parecen más complicadas de llevar una clase, el poder controlar a los 14 alumnos y alumnas a la vez; cuidando que no se peleen, atiendo sus peticiones, acompañándolos cuando necesitan ir al baño o cambiar el pañal…
Posteriormente, repartimos unas tizas y pintamos en la pizarra. Les encanta y se sorprenden al ver cómo las tizas van dejando el color en sus manos. Le piden a la profesora que escriba sus nombres y luego lo señalan orgullosos mientras dicen su nombre.
Durante este tiempo, uno de los niños está sentado él solo, calmadamente, en una silla con un cuento.
Cuando ya comienzan a dispersarse, llega el momento de ir a la asamblea. Por lo tanto, nos sentamos todos en la colchoneta y cantamos la canción de “Bos días”, una de las niñas reparte una galleta a cada uno de sus compañeros y compañeras. En el momento de sentarse en la colchoneta, como siempre, ocurre que muchos niños y niñas quieren sentarse en mi regazo y hay algunos enfrentamientos, pero que se solucionan con facilidad.
Llega el momento en el que la profesora va a su descanso, por lo que entra en el aula el técnico de apoyo que, en un principio iba a leer un cuento a los pequeños y pequeñas, pero como vio que no hacían caso, optó por repartir un cuento a cada uno y que ellos fuesen ojeando el cuento que hayan elegido.
Vuelve la profesora y comenzamos una actividad en la que repartimos los vasos de colores de cada niño y niña junto con tres linternas, de modo que iluminamos su interior y vemos las luces de diferentes colores. En este caso, muchos quieren coger la linterna, pero al haber solo tres deben compartir. A algunos les cuesta un poco dejar las cosas, pero saben que si se lo piden por favor deben compartir para que su compañero o compañera también pueda jugar.
Comienza la hora de música, por lo que llega la profesora y reparte unas claves a cada uno de los pequeños y pequeñas, mientras ella toca el teclado. También reparte unas conchas. A pesar de que durante la mayor parte del tiempo se portaron muy bien, hubo un momento en el que la profesora recogía las conchas que había entregado y uno de los niños le tiró el teclado. Esto enfadó mucho a la profesora, que posteriormente aseguró que los infantes del aula 6 eran los que peor se portaban.
Al irse la profesora de música nos pusimos a ver unos vídeos de “Os bolechas”.
Tras esto, llega el momento del recreo y vamos al patio a jugar. Como siempre, juego mucho con ellos. Luego me siento un poco con algunos y algunas en la colchoneta para leer unos cuentos.
Ya casi es hora de ir a comer, así que toca lavarse las manos. Así pues, vamos al comedor y se sienta cada uno en su sitio. Comen muy bien ellos solos, aunque de vez en cuando solicitan mi ayuda.
Al acabar de comer vamos a dormitorio y estando todos dormidos, menos una de las niñas, ya me puedo ir para casa.

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