Cuando a mi tutora le llegó la hora del descanso vino la
auxiliar y decidimos sacarlos al patio interior. Después de llevar a todos los
niños fuera, yo volví al aula para finalizar el trabajo que había dejado a
medias y aprovechar para recoger los juguetes y cuentos que había esparcidos en
la colchoneta en la que más tarde tendrían la clase de inglés.
Cuando salí regresó mi tutora y nos quedamos el tiempo
restante antes de la clase de inglés en el patio. Cuando llegó la hora entramos
en el aula y me encargué de sentarlos a todos en la colchoneta mientras el
profesor iba preparando sus materiales. En ese momento me iba a ir al descanso,
pero llamaron a mi tutora para comunicarle que una alumna estaba enferma de
nuevo, así que me quedé con ellos durante la primera parte de la clase. Cuando
el profesor cantó la canción con la que los saluda, en la que repite hello y hi, uno de los niños dijo hola con la mano sin que el profesor
hubiese hecho el gesto, cosa que nunca había pasado. Además, una de las niñas
levantó los brazos al acabar la canción y el profesor empezó a marcarle up y down
y ella siguió sus instrucciones con los brazos.
Al volver del descanso vi que estaban casi todos levantados
y dispersos por la clase, así que el profesor de inglés se levantó y cogió bloques
para tratar de que hicieran una torre, aunque no consiguió que le atendiesen.
Mi tutora le avisó de que ya era la hora y nosotras nos preparamos para la hora
de comer. Llegó el auxiliar y, mientras él colocaba las camas, mi tutora se
puso a preparar a los niños y me encargó seleccionar fotos de los niños para
los ornamentos de elfos. Una vez estuvieron todos sentados nos pusimos a darles
de comer. Como siempre, hubo algún llanto y alguna lucha, pero nada fuera de lo
normal. A medida que acababan me iba levantando para lavarlos.
Cuando todos acabaron mi tutora y yo recogimos las sillas y,
mientras los niños jugaban un poco, le fui pasando a los que tenían caca y
acostando a los que ella iba cambiando. Hoy fue un día movido, ya que
estuvieron especialmente rebeldes, levantándose sin parar y llorando bastante.
Al conseguir que todos se durmiesen me despedí de mi tutora
y me marché al aula de bebés. Al llegar allí vi que, de los seis que había,
cuatro estaban llorando y uno estaba a punto. Yo me puse a acunar las hamacas
de dos de ellos mientras la profesora acunaba a otros dos. Poco a poco se
fueron calmando y tres de los niños se quedaron dormidos. Como los demás no se dormían
los pusimos en la colchoneta para que jugasen. Mientras ellos jugaban
tranquilos, la profesora y yo pusimos una lámina adhesiva en la pared tratando
de tapar un mural del año anterior. El resto del día transcurrió sin novedades
ni alteraciones y cuando llegó la hora me fui a casa.
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