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jueves, 29 de noviembre de 2018

29/11/18

La jornada comenzó como todos los días a las 9 de la mañana. Al entrar en la escuela me dirigí a mi casillero para dejar el abrigo y el bolso y coger la bata, posteriormente, me dirigí a mi aula para encontrarme con mi tutora y los pocos niños que probablemente ya habían llegado. Al entrar en el aula me encargué de un niño que no quería que se fuera su padre, lo cogí en el colo y lo calmé, una vez tranquilizado cogimos las marionetas y se las dimos a los niños para que jugasen e hiciesen algo de juego simbólico.

Una vez transcurrido un buen rato en el que jugamos con ellos a las marionetas les repartí unos dibujos que había hecho de unos erizos para que, con la ayuda de un tenedor, le pintaran las púas. Como en todas las actividades que son de pintar pude notar las diferencias que tienen los niños, mientras unos son muy detallistas y perfeccionistas, otros pintan al azar y otros directamente no pintan porque tienen un rechazo especial a mancharse. Una vez terminada esta actividad pusimos en el orinal a aquellos niños que lo pedían o que están empezando a dejar el pañal, como siempre que llega este momento, el niño al cual su madre siempre castiga porque no usa el orinal, vino corriendo diciendo que quería hacer pis, por lo que muy tranquilamente y sin presión le ayudamos a quitarse la ropa y el pañal. Al cabo de unos 10 minutos me vino este mismo niño con el orinal en la mano enseñándome que había hecho algo de pis, muy poquito, pero que se lo dijera a su madre. Me rompió el corazón ver su cara de ilusión cuando me decía esto, ya que suponía una tarde de juegos para él.

Una vez que llegó todo el grupo hicimos la asamblea, les di una galleta a cada uno, pasamos lista, hablamos sobre el tiempo y otros temas, también intentamos leer un cuento, pero fue inútil ya que se dispersaron en menos de nada, ni al principio del mismo atendían. Cuando terminamos decidimos poner algo de música para que bailasen y se entretuviesen mientras cambiábamos al resto de niños que faltaban. Mientras la tutora y yo estábamos en faena los niños empezaron a desordenar la clase y, ante un despiste nuestro, uno de los niños se tiró encima de otra logrando que tanto la niña como la silla en la que estaba sentada impactasen en el suelo, causando un gran alboroto por los lloros que provocó. Cuando estuvo todo calmado intentamos que recogiesen, pero fue en vano, tanto la tutora y yo notamos que cada vez recogen menos y se dispersan más por lo que hicimos un pequeño trato, si recogían todo, veríamos algo sobre la patrulla canina. Una vez recogido y cumplida la promesa me dispuse a trabajar en la estrella navideña que estaba haciendo en el suelo y que cada vez les llamaba la atención, incluso se me acercaban en medio del vídeo para interesarse por lo que estaba haciendo.

Cuando llegó nuestra hora salimos al patio común para que corriesen y se desahogasen un poco. En el patio corrí con ellos, jugamos a la pelota, sobre una pelota de yoga grande hice que experimentasen un poco el equilibrio, y hasta el niño más tímido que no participa en casi ninguna actividad se acercó a mi haciendo el amago de unirse, pero siempre quedándose un poco al margen. Poco a poco va ganando más confianza conmigo, hoy incluso habló algo conmigo y me trajo juguetes para que los viese o jugase algo con él. Mientras estábamos en el patio decidimos poner el altavoz para que escuchasen música mientras jugaban y, los que querían, bailasen. Cuando terminamos el recreo volvimos a nuestra aula y la profesora decidió volver a intentar contarles un cuento, ante nuestra sorpresa los 12 que estaban hoy atendieron perfectamente, pidiendo más cuentos una vez que terminó de contarlo. Al final acabó relatando tres cuentos en total. Mientras la tutora estaba con los pequeños yo continué con la estrella, y seguí después cuando los niños pidieron Corre, Corre, Cabaciña en el ordenador, momento en el que aprovechó la tutora para ir llamándoles uno a uno y darles agua y lavarles las manos antes de dirigirnos al comedor.
Una vez en el comedor les ayudamos a colocarse los baberos y los mandilones y me dispuse a servir la comida, hoy tenían lasaña vegetal de primero y arroz con pollo de segundo. De los 12 pequeños a mi cargo, solo 2 comieron, al resto no les entusiasmó la comida y, por más lo intentamos, no fuimos capaces, eso sí, el yogurt se lo tomaron todos sin rechistar. A medida que terminaban de comer los lavábamos y les quitábamos el mandilón y el babero para, a continuación, llevarlos al dormitorio a cambiarles el pañal. En uno de mis viajes al dormitorio para llevar a un grupo pequeño de niños a que los auxiliares les cambiasen, me di cuenta de que solamente uno estaba haciendo algo, de que el otro estaba hablando de sus problemas sin realmente atender a los niños por lo que, tras pedirle a ese auxiliar que pusiese la música en el dormitorio, me metí dentro a acostar a los niños. Hoy no fue el día más tranquilo ni en el dormitorio ni en general ya que, incluso a las 2 y media, hora a la que me toca marchar, aún quedaban tres niños despiertos cuando normalmente, como muy tarde, a las 2 y cuarto están dormidos.
Hoy fue un día de lo más movido, no por cantidad de actividades que hicimos, sino porque los niños están dispersos e intranquilos. La tutora me comentó que probablemente era porque muchos al salir de la escuela se metían en casa y no quemaban toda la energía que necesitan quemar, yo le propuse que avisásemos a los padres para que nos trajesen botas de agua y una muda limpia para llevarlos nosotros al jardín que, aunque estuviese mojado no importaba ya que, como dice este proverbio noruego "no hay mal tiempo, sino ropa inadecuada".

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