Quinto día, y con este acaba la primera semana.
Hoy celebramos el magosto, y los niños están muy emocionados. No paran de preguntar que cuándo hay que ir a comer las castañas.
La llegada fue como un día normal. Los niños se ponen el mandilón y se sientan en asamblea para contar el cuento y comenzar las rutinas.
Hoy leímos otro fragmento del cuento “Melodía en la ciudad” que estamos utilizando como punto de partida para un proyecto a cerca de la comunidad gitana.
Los niños, atentos, escuchan; pero es un libro muy denso, por lo que deben prestar mucha atención.
Maikel hoy está muy nervioso y cansado, no sabemos que le pasa, pero no es capaz de prestar atención a nada de lo que tiene que hacer, y le cuesta mucho seguir las pautas que se le van dando.
A las 10:30 los niños tienen que subir al patio delantero, porque a partir de las 12 hay que estar en el aula, ya que hay un aviso por temporal.
Por tanto, hoy la profe Begoña será la encargada para agilizar las rutinas.
Cuando acabamos las rutinas, los niños comienzan a hacer la ficha del calendario que tienen que ir rellenando día a día (rodeando el día en el que estamos y tachando los días que ya pasaron).
Ya casi es hora de subir a comer las castañas y los niños se ponen los abrigos para marchar. Los colocamos en asamblea y repartimos sus “portacastañas” (hechos por los niños con sus padres, a partir de un cartón de leche y un cordel para colgar lo del cuello).
Nos ponemos en fila y…. ¡nooo puede ser! Llega el profe Rafa y nos dice que las castañas todavía no están asadas del todo, y que aún tenemos que esperar un poco más. Todas las prisas que nos dimos han sido en vano, y tenemos que hacer tiempo.
Begoña decide enseñarles a los niños unos cortos mudos de disney en los que hay mucho temporal, para irlos comentando en conjunto.
Tres vídeos después, nos avisan de que las castañas están listas para tomar, los niños están pletóricos. Todos menos Maikel, a quien no le apetece demasiado la fiesta. Parece un poco confundido y se niega a ponerse el “portacastañas”.
Subimos al patio delantero y allí nos esperan las demás clases de Infantil, puestos en círculo alrededor de una bañera dónde irán las cáscaras, los niños se sientan y esperan a que le repartan su ración de castañas. Proooofe, ¿me la abres?, Insisten todos sin muchas ganas de esperar.
Álvaro, uno de los más pequeños del grupo, rompe a llorar en un momento determinado porque no es capaz de abrir su castaña. Como todas, esta oportunidad es aprovechada por Begoña para explicarles a los niños un nuevo aprendizaje de la vida. “Cuando necesitamos ayuda tenemos que pedirla, porque no hacemos nada llorando. Lo mejor para solucionar un problema que nosotros no podemos abarcar, es pedir ayuda. Pero la ayuda no se pide llorando, solo se llora para cosas graves, como cuando me hago daño.”
A continuación da rienda suelta la conversación, pues todos quieren contar esas cosas por las que lloraron cuando era importante.
Al acabar los niños se van al recreo, y los profesores nos turnamos para ir a la sala de profesores, dónde todos los años la dirección los invita unos pinchos.
a mí me tocó el primer turno y luego fui para el patio cubierto donde me esperaban los niños. Un par de niñas de mi clase están en la puerta esperándome para jugar conmigo, y me invitan a jugar con ellas. Yo accedo pero al poco tiempo me doy cuenta de que ha sido un error. Las niñas se suben encima, juegan, ríen y se lo pasan bien; y la verdad es que yo también. Sin embargo, me acuerdo de las indicaciones que nos había dado el profe Pepe el día antes. Los niños en el patio necesitan jugar libremente, crear sus propios juegos, agrupaciones… en un colegio, los pequeños se encuentran en todo momento bajo la guía de un adulto, pero es en el recreo el momento en el que se puede dar una interacción mucho más libre entre ellos, y por tanto creo que es mejor no interceder.
Subimos a clase y eso ahora de merendar, cómo era el Magosto muchos de los niños no trajeron comida, sin embargo no todos ellos comieron castañas, ya que a algunos no les gustaron.
Esta es otra nueva oportunidad para aprender, y los niños que tienen merienda, invitan a los compañeros que no trajeron merienda a una de sus galletas, un trozo de su bocadillo o un gajo de su mandarina.
Hoy es el cumpleaños de Carlos, el más pequeño del aula. Este va pasando ilusionado una bandeja que contiene sugus y gominolas para que cojan cada uno de sus compañeros, pero antes, dicta unas consignas: Solo se puede coger o un sugus o una gominola, y cada uno que coja tiene que decir gracias y felicidades.
Cuando acaban los niños cogen la plastilina y se entretienen.
A última hora tienen psicomotricidad y Manuel viene a recogerlos, por ello deben cambiar su nombre a la casita en el panel, guardar el mandilón en la mochila y ponerse la chaqueta.
Begoña y yo aprovechamos para preparar actividades para la semana siguiente hasta que toca el timbre.
Los niños llegan y se ponen las mochilas, hacen fila y los entregamos.
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