Mi primer día de
prácticas comenzó con un poco de nervios antes de entrar en la escuela Pío XII,
ya que no podía evitar pensar lo que iba a pasar a continuación. No sabía que
edades me iban a tocar, como sería mi tutor, como sería el aula y los alumnos,
y sobre todo como sería mi actuación dentro del aula.
Una vez llegamos
al colegio, la directora nos atendió amablemente y nos acompañó respectivamente
a cada una de las clases, a mí me tocó en una de las aulas de 3 años del
colegio, con un profesor muy amable. Nada más llegar me presentó a los pequeños,
y me introdujo directamente en la actividad que estaban haciendo, es decir, la
asamblea.
A partir de ahí
fue informándome sobre todo lo que iba sucediendo, sobre las canciones que iban
cantando, las actividades que iban a realizar y el objetivo de estas, y la
programación del día.
Al principio me
encontraba un poco tensa, ya que no sabía muy bien que podía hacer y que no, o más
bien lo que le parecería bien al tutor que yo hiciese. Pero tras un poco de
tiempo en el aula, me di cuenta de que mi participación en este periodo de
prácticas iba a ser abundante, ya que el maestro me presentó el aula no como “suya”,
si no como “nuestra aula” en la cual yo tendría total libertad de moverme y
actuar, y de desarrollar las actividades que yo quisiera. Esto me animó
bastante, ya que era lo que más miedo me daba, y me motivó mucho a soltarme para
poder exprimir al máximo esta experiencia, y aprender de cada una de las cosas
que íbamos haciendo en clase, o que se me iban explicando. Además, en mi
aula había otra alumna en prácticas que en todo momento me fue comentando lo
que hacíamos y me ayudó bastante a aterrizar en la clase.
La programación
de la mañana se basó en una asamblea inicial en la cual realizaron
una serie de rutinas como cantar unas canciones de bienvenida, comentar que hicieron durante el fin de semana y lo que se hizo la semana anterior en clase, señalar los
alumnos que no estaban ese día, o escribir el nombre de la encargada en el encerado. Durante esta parte de la mañana yo me limité a observar y escuchar lo
que hacían, ya que dado a que no conocía ni las canciones ni a los
alumnos, no pude participar.
Tras esto, pasamos
a realizar las diferentes actividades que nos llevarían el resto de la mañana,
las cuales fueron colorear unos dibujos para poder diferenciar los términos pequeño-grande,
trabajar un poco los días de la semana y los números, contar un cuento, repasar unos dibujos con
punzón para trabajar la motricidad fina y la sujeción del útil de escritura, y juego
libre en los rincones del aula con distintos materiales como pueden ser
plastilina, hilos y cuentas, o incluso libros.
A lo largo de estas actividades
yo fui ayudando al profesor a repartir el material, y fui atendiendo a las necesidades
de algunos niños y a sus preguntas, ayudando en todo momento a los pequeños al
ir al baño, al comer la merienda, o al ponerse y quitarse las cazadoras, dado que debido a su edad requerían un poco de ayuda. E
incluso hacia el final de la mañana pude dirigir un pequeño juego de ritmos, ya
que el profesor me dio vía libre.
A modo de
resumen, lo que hice durante la mañana fue observar las distintas actividades
que se realizaban tanto en un primer momento en asamblea, como posteriormente
en las mesas, o en los rincones. Ayudando en todo momento al tutor en lo que el
hacía, e incluso dirigiendo algún juego al final de la mañana, donde sin lugar
a duda, me sentí cómoda y muy feliz. Y sobre todo me informé de aquellas cosas
que más curiosidad me produjeron, como pueden ser el modo de trabajar en esa
clase, el contexto del colegio y de las familias de los alumnos, cómo fue el
periodo de adaptación anterior a mi llegada, etc. Por lo que a rasgos generales, fue una mañana
completa que me sorprendió positivamente, y me dejó con muchas ganas de volver.
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