Y llegó el día…, después de casi dos años y medio de clases en la
Universidad, pasamos de la teoría a la práctica, el primer contacto con la que
será nuestra profesión el día de mañana; y yo no me lo hubiese podido imaginar
mejor.
Comenzamos a las 10 de la mañana, en el despacho de dirección donde nos ha recibido la directora de la Escuela Infantil Breogán. Una vez hechas las presentaciones hemos comenzado a hablar sobre el horario que vamos a tener a lo largo de estas semanas, las aulas en las que podemos estar… finalmente ha sido la directora quien se ha encargado de asignar de forma aleatoria el aula en la que estaremos cada una, a mí me ha tocado en el aula 5, con niños y niñas de 1 y 2 años; hemos fijado un horario de 9 a 17 h. de forma provisional. También nos ha estado comentando las medidas de seguridad con las que cuenta el centro, y las revisiones por las que pasa periódicamente para controlar que todo esté bien.
Después de solucionar el tema de horarios y clase en la que estaremos, nos ha llevado a conocer un poco la distribución y organización del centro, explicándonos que es un lugar en el que las familias están muy presentes pues pueden entrar con total libertad hasta el aula de sus hijos e hijas, de hecho son ellos quienes los llevan al aula cuando entran por la mañana; pueden saber que están haciendo e intercambiar información sobre cómo ha ido el día con las profesoras a la hora de recogerlos. La escuela cuenta con un pequeño recibidor con unas puertas, una de ellas es de dirección, otra te lleva hasta las diferentes aulas y otra hasta un pequeño sótano, con la suficiente seguridad como para que no pueda pasar ningún niño o niña solo sin un adulto, está amueblado con un par de sillones, unas mesas… es donde podemos comer o dónde van aquellos profes que tienen un tiempo de descanso mayor.
Posteriormente fuimos hasta la cocina y el comedor donde van los
más mayores a la hora de comer, una cosa que me parece importante destacar es
que la escuela cuenta con una cocina propia bastante amplia y recogida, además
de luminosa, en la que trabajan tres cocineras. A continuación, fuimos hasta
donde está el pasillo central que hace de “patio interior” donde cuentan con
muchos triciclos, una casita, un par de balancines de madera, dos pelotas de
pilates, y un juego de madera por el que pueden subir y bajar con un tobogán y
pequeñas escaleras, donde pueden jugar todos juntos.
Después de esto, la directora nos ha acompañado a cada una hasta el aula a la que teníamos que ir, cuyas puertas dan a este pequeño patio interior.
La última en entrar en su clase fui yo, aula 5, donde estaban todos los niños y niñas sentados en una colchoneta, atentos al profesor que les estaba cantando una canción en inglés acompañado por un acordeón, poco después me enteré de que era el profesor de inglés que viene los lunes y los miércoles a estar un ratito en cada clase. Pero para cuando yo entré en el aula, él ya tenía que irse así que me quedé con la profesora del aula, y la que será mi tutora en el prácticum. Mientras los niños andaban a su aire, jugando con los diferentes objetos que pueden encontrar por el aula, ella
me estuvo explicando un poco por encima el ritmo que seguía cada mañana la clase, el material que hay en la misma, donde comen..., a la vez que me enseñaba algo muy importante ya en ese mismo momento, y es que no puedes perder de vista ni un minuto a ninguno de los niños y niñas que tienes a tu cargo; pues en el poco tiempo que estuvimos hablando un niño del aula empezó a darle a sus compañeros con unos de los juguetes que tenía en la mano, provocando un pequeño llanto en ellos que simplemente con unas palabras de la profesora cesaba y seguían jugando cada uno por su cuenta.
Una vez que todo se tranquilizó un poco, llegó la hora de salir al patio central, al que van saliendo por turnos. Allí cada uno se dedicó a jugar a lo que más le apetecía, a unos les gustaba más estar en las colchonetas, a otros estar con los balones… Ahí conocí a la auxiliar que estaría en el aula el resto del día con la profesora, y así la tres estuvimos con los niños y niñas en el área de juego vigilando que no hubiese ningún incidente.
Alrededor de las 11:30, volvimos a entrar en el aula, donde recogimos, entre todos, los juguetes que estaban por medio para poder prepararlo todo para la hora de la comida. Pero antes de esto, la profesora los reunió a todos en la colchoneta para calmarlos un poco después de ese tiempo de juego, y así cantar un par de canciones, decir algún que otro poema y también contar algún pequeño cuento como Lúa, Violín y A casa enmeigada, con el cual los niños se mostraron muy atentos y concentrados en la historia, pues se trata de un cuento de “terror” y más de uno se llevó algún que otro susto. Mientras, la auxiliar se iba encargando de cambiar a los niños y niñas y ponerles el mandilón para comer; así una vez que se acabó el cuento todos se levantaron de la colchoneta y se dirigieron a las mesas del final del aula, donde fuimos poniendo sillas para que se pudiesen sentar y empezar a comer, después de haberles puesto los baberos. La profesora y la auxiliar se encargaron de darles de comer a aquellos que les costaba más y ayudar a aquellos que lo intentaban hacer solos. Yo, junto con ellas, me senté y comencé a darle de comer a un par de niños y niñas.
Cuando terminaron comenzamos a quitarles tanto el babero como el
mandilón y la ropa hasta que se quedasen en body para poder ir a la habitación donde tiene cada uno una cama con una manta para echarse la siesta de 13:00 a 15:00 aproximadamente. En este momento tienes que tener mucho cuidado de que no se levante ninguno de su sitio y que se mantengan en silencio para poder dormir. Yo me encargué de esto hasta que la mayoría de los niños y niñas estuvieron acostados y entro la profesora en la habitación para acompañarme, momento que aproveché para hacerle algunas preguntas que me habían ido surgiendo a lo largo de la mañana sobre: el horario que siguen los niños, el cual nunca debe sobre pasar las 8 hora en el centro; sobre la comida, ya que algunos tomaron arroz con tortilla francesa y otros puré, lo que me resultó curioso, y me explicó que en la edad en la que se encuentran estos niños y niñas es un momento en el que empiezan a pasar de comer líquido a comer sólido, y a algunos les cuesta más este cambio; después de estar un rato más hablando con ella, me dijo que podía ir a comer.
En esa hora me junte con una de mis compañeras, que se encuentra en la sala de al lado, y estuvimos compartiendo las impresiones y sensaciones de la primera mañana de prácticas.
Una hora después, sobre las 14:00 volvimos al aula, donde estaban todos los niños y niñas dormidos y tranquilos en sus camas, acompañados por la auxiliar, ya que en el momento en el que entré, la profesora se iba a comer.
Estuvimos alrededor de otra hora y poco en la habitación donde duermen todos controlando de que no se despertasen ni les pasase nada, hasta que poco a poco se fueron despertando algunos por si
solos o bien porque llegaban sus padres para recogerlos. Este momento sigue una rutina: los sacan de la habitación y los llevan al cambiador para cambiarles el pañal, vestirlos otra vez con su ropa, lavarles la cara...
Sin embargo, hubo tres niños que se quedaron en el horario de la tarde, uno de ellos tardó más en despertarse de la siesta, por lo que en el rato que solo eran dos, estuve con ellos jugando con unos columpios que tienen colgando del techo del aula, con unas tarjetas de imágenes… la tarde es más un momento de juego libre y tranquilidad, pues incluso la profesora se puso a jugar con ellos con los bloques de construcción y las tarjetas de imágenes; hasta que llegaron los padres de uno de ellos para recogerlo.
Por tanto, al llegar las 16:30, hora de la merienda, solo eran dos niños; así que les puse los baberos y los senté a la mesa mientras la profesora les preparaba la merienda que había traído la cocinera. Ellos, encantados, se pusieron a comer solos el pan y jamón picado que tenían en el plato, mientras estuve hablando con la profesora más tranquilamente, hasta que dieron las 17:00 y llegó la hora de salir.
Dejé mi bata colgada en la percha, cogí mi abrigo y me despedí hasta mañana.
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