Parecía que
no iba a llegar nunca, pero ya estamos a 05 de noviembre de nuestro tercer año
de Educación Infantil y, por fin, empezamos las tan ansiadas prácticas. Después
de haber estudiado tanto sobre cómo son los niños y niñas, sobre qué teorías
existen acerca de su desarrollo, sobre las metodologías que se pueden aplicar
en un aula… hemos podido entrar en contacto con la realidad de un aula de
Educación Infantil.
El día de
hoy ha sido un día lleno de nervios y de gran expectación. A las diez de la
mañana comenzaba esta aventura en la escuela infantil Breogán. Tan pronto
llegamos, la directora nos recibió y nos invitó a pasar a su despacho, donde
tuvimos una pequeña reunión para aclarar temas de horarios y las aulas que nos
tocarían a cada una. Tras esto, nos ha acompañado en un paseo por el colegio,
mientras nos iba mostrando las diferentes estancias que lo forman. Entre estas
se encuentran un sótano, que sirve tanto de almacén como para el descanso del
profesorado; un cuarto de limpieza y un aseo; un comedor con cocina propia; un
hall, que sirve como patio de juegos interior y, por último, nos enseñó también
la localización de las seis aulas que conforman la escuela. Al mostrarnos cuál
era cada aula, diciéndonos su número y la edad de los niños y niñas que había
en cada una de ellas, aprovechó para ir introduciéndonos a cada una en el aula
que se nos había asignado.
Así pues,
comenzó mi experiencia en el aula 6. Entré expectante, intentando captar todo
lo posible de ese lugar, hasta entonces desconocido para mí. Al entrar, la
profesora María se acercó para conocerme y aprovechó, también, para indicarme
donde podía dejar mis cosas y ponerme la bata. Puesta ya mi bata blanca, pude
acercarme al grupo de infantes sentando en la colchoneta esperando que la
profesora acabase de leer el libro que había empezado y cuya lectura había
interrumpido yo con mi entrada. Me acerqué hasta donde estaban los pequeños y
pequeñas y, al igual que la profesora, me senté con ellos. María continuó
leyéndoles el libro, mientras, de vez en cuando, hacía alguna pausa para llamar
la atención del algún niño o niña que no prestaba atención: algunos se
levantaban para mirar por la ventana, otros cogían algunos juguetes que
encontraban por allí…
Tras haber
acabado con la lectura del cuento, María decidió ir a tomar un café, por lo que
una persona que trabaja como apoyo educativo entró en el aula para sustituirla
durante ese tiempo. Durante este periodo, estuvimos jugando con los pequeños y
pequeñas a un juego de construcción intentando construir una fila de cubos lo
más larga posible. Al principio, algunos niños estaban algo dispersos, pero
poco a poco, fueron juntándose e interesándose por la actividad y, finalmente,
estábamos la gran mayoría participando en el juego. A algunos pequeños les
costaba colocar las piezas correctamente, pero con un poco de ayuda, eran
capaces de acomodarlas correctamente. Con esto no quiero decir que fuese yo
misma la que colocaba las piezas, sino que les ofrecía algunas pistas para que
fuesen ellos mismos capaces de hacerlo, pues considero que es importante
ofrecer alguna pequeña ayuda, pero no solucionarles nosotros mismos los
problemas.
Eran casi
las 11:30 y se acercaba la hora de inglés. En la escuela Breogán disponen de un
profesor de inglés que viene para dar clase durante media hora los lunes y los
miércoles. Durante la clase de inglés se podía apreciar como los educandos
estaban atentos y prestaban atención a lo que decía el profesor. Cabe destacar
que este disponía de varios instrumentos, entre ellos una guitarra y un
acordeón, y los utilizaba para acompañar algunas canciones que les cantaba a
los pequeños y pequeñas. Con algunas canciones pedía a los infantes que bailasen
o que saltasen. Durante uno de estos bailes, una de las pequeñas me cogió de la
mano y me pidió que bailara con ellos y así lo hice. El profesor continuaba
enseñándoles los animales, la diferencia entre grande y pequeño, entre otras
cosas; hasta que, cuando veía que los niños empezaban a dispersarse, pues
entonces comenzaba una nueva actividad que implicase movimiento.
Ya pasada
la media hora en la que el profesor de inglés imparte clase al alumnado, este
se despide y se va. Entonces comienza la hora del recreo. Salimos al hall de
juegos con los pequeños y pequeñas y dejamos una hora de juego libre hasta que
llegue la hora de comer. Durante este periodo hay varias peleas por conseguir
una moto o porque un niño le pega a otro. Mientras estaban jugando, una de las niñas
se dio un golpe contra la escalera del tobogán y, en consecuencia, comienza a
llorar y le sale un moratón al lado del ojo. A pesar de que ha sido un buen
golpe, la pequeña deja de llorar rápidamente y vuelve a jugar como si nada.
Se acercaba
la hora de ir al comedor y había que recoger los cuentos, aparcar las motos y
los triciclos, guardar las pelotas… Al principio era difícil que hiciesen caso,
pero poco a poco, fueron guardando todo.
A las 13:00
los infantes que disponen de esa opción pasaron al comedor y yo tuve la oportunidad
de ir para casa a comer.
A las 14:00
estaba ya de nuevo en la escuela. Era la hora de la siesta, por lo que me
indicaron que entrase en el aula en el que estaban los niños y niñas durmiendo.
El aula estaba a oscuras, con todos los pequeños y pequeñas durmiendo en una
hamaca en el suelo con música clásica de fondo. Durante este tiempo, las
profesoras se acercan a aquellos alumnos y alumnas que les cuesta más dormir y
los acarician tratando de relajarlos. Asimismo, una vez que ya todos están
dormidos, aprovechan, entre otras cosas, para cubrir las libretas de cada
infante.
Llegan las
15:30 y es hora de despertar. Algunos pequeños y pequeñas se van levantando
antes, otros siguen dormidos. Las profesoras ayudan a aquellos que están levantados
a calzarse y los pone en el baño para hacer pis y cambiarles el pañal. Cabe
mencionar que, a pesar de que se les indica a las familias que vistan a sus
hijos con ropa cómoda para así fomentar su autonomía, la gran mayoría de los
niños y niñas vienen vestidos con bodis. Supongo que esto se debe a que tienen
miedo de que pasen frío y prefieren que vayan bien abrigados.
Tras haber
hecho pis, los niños y niñas salen a jugar al hall mientras esperan a que
empiecen las clases de la tarde o a que sus padres vengan a buscarlos. Así
pues, muchos alumnos y alumnas son recogidos por sus padres durante este
periodo.
En el
horario de tarde, al ser pocos educandos, se juntan aquellos que pertenecen al
aula 1 con los del aula 6, haciendo así un total de ocho alumnos y alumnas.
Estamos
nuevamente en el aula 6, pero esta vez no estoy con la profesora María, sino
con Carma. Para comenzar con la clase de la tarde, los niños y niñas se sientan
en la colchoneta y Carma les lee un cuento. Tras esto, vamos hasta la pileta y
se van lavando las manos para, posteriormente, sentarse en las sillas de la
mesa. Una vez que están todos con las manos limpias y sentados en su silla,
comenzamos a cantar algunas canciones hasta que llegó la merienda a las 16:30,
un trozo de pan con jamón cocido y un yogur para cada uno. La profesora colocó
a cada infante un babero y cortó tanto las lonchas de jamón como el pan en
pequeños trozos y los colocó en un plato que iba entregando a los pequeños y
pequeñas. Todos iban comiendo por ellos mismos su comida. A continuación, les
iba dando el yogur a aquellos que ya habían acabado el pan con jamón. Al acabar
de comer, cada pequeño recogía su plato y el yogur y se lavaba las manos y la
cara. Una vez que acababan de recoger y de lavarse ya podían pasar a jugar.
Mientras
los pequeños y pequeñas corrían y jugaban por el aula, la profesora me indicó
que ya eran las 17:00 y, por tanto, se había acabo mi jornada y era el momento
de volver a casa.
Es cierto
que estoy cansada, pero también entusiasmada y con ganas de ir aprendiendo cada
vez más sobre el funcionamiento de la escuela y así poder integrarme y tener
una mayor actuación dentro del aula.
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