Hoy ha sido el último día. Al contrario que mis compañeras
yo ya tuve mi despedida el día de ayer, ya que mi tutora no podía asistir hoy a
la escuela. Después del emotivo adiós a una persona a la que le tengo mucho que
agradecer, llegué a la escuela con pocas ganas de separarme de unos niños que
me han robado el corazón.
Al llegar, me encontré a niños de distintas clases en el
patio interior, incluyendo a la única
alumna que había de la mía. Poco después entramos, como siempre, con los niños
y niñas de la clase de al lado en nuestra aula. Mi compañera de prácticas y yo
aprovechamos que la niña de mi clase había venido, pues llevaba unos días
enferma, para poner la huella de su mano en el póster que me regaló ayer mi
tutora con todas las huellas de los niños, y así poder llevármelo completo. Al
acabar, me dediqué a colgar por fin en clase el trabajo de estas últimas
semanas, los elfos de fieltro con la cara de cada alumno, enseñándoselos a los
tres niños que habían llegado por ahora.
Después, mi compañera Marina y yo empezamos a preparar la
representación del cuento O pito cairo
que teníamos planeado realizar para nuestras dos clases. Al ver que teníamos
dificultades con las marionetas decidimos pedirle ayuda a otra de nuestras
compañeras de prácticas, Olga, pero su tutora escuchó nuestro plan y nos pidió
que hiciésemos la representación para toda la escuela. Después de un par de
ensayos y con muchos nervios, sentamos a los niños y procedimos a contar el
cuento, yo como narradora y mis compañeras ocupándose de las marionetas y los
demás personajes.
Al acabar, dejamos que los niños estuviesen un rato más en
el patio jugando mientras esperábamos a que llegase la hora de la comida,
durante el cual recibimos muchos abrazos y jugamos con ellos. Cuando llegaron
los carros de la comida nos fuimos cada una a su clase y empecé a preparar a
los niños con la ayuda del auxiliar. Como siempre, el proceso consiste en
cambiar a los que lo necesiten, quitar las camisetas, poner el mandilón, dar de
beber y lavar las manos. Una vez listos los senté y les puse el babero mientras
el auxiliar servía la comida. Ha sido un día muy raro, ya que, siendo doce en
clase normalmente, teníamos únicamente a cinco niños para comer. En mitad de la
comida apareció inesperadamente otra niña que venía del médico. Su llegada
causó un poco de revuelo, pues ya estábamos dándoles de comer a los demás y se
despistaron mucho con la escena. Al acabar de comer los íbamos lavando y
dejando su mandilón en las perchas. Cuando todos acabaron el auxiliar fue
dejándome los que estaban cambiados para que los acostase y consiguiese que se
durmiesen. Poco a poco todos se fueron quedando, y yo me fui emocionando,
dándome cuenta de que no volvería a estar en clase con ellos, ya que cuando
despertasen yo ya no estaría en el aula.
Cuando salí estuve un rato con mis compañeras y sus alumnos
mientras me recuperaba un poco de la emoción, y a continuación entré, como cada
mañana, en el aula de bebés. Allí me encontré a la profesora sentada en la
colchoneta con solo tres niños. Estuvimos hablando y jugando un poco con los
niños e incluso se nos unió una compañera de prácticas. Más tarde, acudimos al
despacho de la directora para que nos enseñase el PEC y así comprender, un poco
mejor, cuáles son los pilares sobre los que se apoya esta escuela.
Cuando llegó la hora de marcharme entré en el aula contigua
a la mía para recoger mis cosas y vi que dos de los niños de mi clase se
acababan de despertar, así que aproveché para vestirlos una última vez y darles
un abrazo más antes de marcharme. Recibí también un par de abrazos y besos de
los niños de la clase de al lado y finalmente me marché.
En resumen, ha sido un último día muy extraño, con unas
rutinas muy diferentes a las habituales que me deja con un poco de mal sabor de
boca el final de una experiencia que, sin embargo, ha sido, sin duda,
maravillosa. Empecé estas prácticas aterrorizada con miedo a no saber actuar o
incluso a no gustarle a los niños y me voy llena de amor y convencida de que
este es mi futuro y lo que estoy destinada a hacer con mi vida. Gracias de todo
corazón a la escuela infantil Breogán por este regalo de autodescubrimiento. Volveré.
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