El
día empezó como siempre, con las rutinas que ya he ido contando a
lo largo de este diario. Cuando acabamos hicimos dos fichas más de
el libro de “el agua y las nubes”, que es cuento que explica
porque llueve y en el que llevamos trabajado toda esta semana.
Estuvieron coloreando hasta la hora de la merienda y después
salieron al patio a jugar un rato, hasta que se puso a llover. Por
suerte, cuándo empezó a llover ya era la hora de irnos al salón de
actos. Pues hoy era el día en el que los alumnos de 1º de
Bachillerato nos iban a representar el cuento de la gallina azul. Se
portaron todos sorprendentemente bien y les gustó mucho la obra,
además cuando acabó los dejaron subir a todos al escenario a bailar
con los actores. Terminó sobre la una, así que tuvimos que volver
para clase a coger los abrigos y las mochilas porque ya casi era la
hora de marcharse. Hasta este momento yo no fui plenamente consciente
de que ya era 14 de diciembre, con lo que esto significó. Sólo me
despedí de Magdalena y le dí las gracias por todo, aunque la
volveré a ver el lunes que quedó en entregarme unos papeles. En
cuanto a los niños, llevaba una semana pensando si me iba a despedir
o no de ellos, porque es una situación que odio, no me gustan nada
las despedidas. Por esta razón dejé la decisión para el último
momento y así hacer lo que me pareciera más oportuno y finalmente
decidí no decirles que me marchaba para no ponerme a llorar como una
loca. El jueves tienen el festival de Navidad y le pediré a
Magdalena que me deje ir de sorpresa y quedarme su reacción cuando
me vean como despedida.
Sin
duda, lo más importante que puedo contar de hoy es que termina una
de las mejores experiencias que he vivido hasta el momento. Confieso
que en parte llevaba semanas deseando que llegara este día para por
fin descansar y dejar de estar enferma cada, literalmente , dos días.
Pero ahora que estamos aquí me siento triste, desubicada y sobre
todo, vacía. Estoy segura de que el lunes echaré de menos madrugar
para ver a mis 24 niños y a todos los que me saludan con una alegría
realmente contagiosa. Y estoy segura también de que hay nombres y
caras que no olvidaré nunca, pues gracias a estos niños y niñas
por fin puedo asegurar que estudio para lo que realmente quiero ser.
A mí me pasó lo mismo, tampoco sabía si quería despedirme de los niños, pero mi tutora ya se lo estuvo anticipando desde el lunes y al final me tocó hacerlo. La verdad es que también echo de menos no tener que madrugar tanto, pero no puedo decir que no haya valido la pena madrugar ni un solo día por estar con ellos.
ResponderEliminarNunca se sabe lo que nos deparará el futuro, pero sí puedo estar segura gracias a estas prácticas de que estoy estudiando algo que me servirá para ser realmente feliz el resto de mi vida.